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PERÚ - ¿Mendigos en espera?

Javier Diez Canseco, La República

Martes 19 de febrero de 2008, puesto en línea por Javier Diez Canseco

18 de Febrero de 2008 - La República - A seis meses del terremoto, la absoluta mayoría de los afectados en Pisco, Chincha, Tambo de Mora e Ica siguen esperando. Esperan la reconstrucción, el efectivo auxilio del Estado para reconstruir sus casas, su economía, su vida. Al presidente García no se le ha ocurrido nada mejor que justificarlo con la historia de que varios países ofrecieron US$ 107 millones de dólares de donaciones, pero que solo han llegado 7 (educadito él con sus «amigos», no ha dicho quiénes dieron y quiénes no). Y por eso, dice, el Forsur que creó –con su amigo Favre a la cabeza, ninguneando a las autoridades locales y marginando a la población– no ha resuelto lo que debió resolver.

Otra vez más, la historia del «mendigo sentado en un banco de oro». Para García es natural esperar 6 meses la solución de afuera, la donación, y no basarnos en nuestros recursos y nuestras capacidades. ¿Somos un país mendigo, sin recursos ni alternativas?

El 2007 la economía creció en 8.9% y los economistas nos dicen que ya van más de 7 años de crecimiento continuo. Es decir, el año del terremoto, el Perú produjo más y debió recaudar más para atender sus necesidades y urgencias, no esperar caridad. Pero entre el 2006 y 2007 el gobierno redujo los impuestos o aranceles a la importación de miles de productos extranjeros, dejando de recaudar US$ 500 millones de dólares (5 veces más que lo que Alan reclama a donantes extranjeros). El 2007 también incumplió su promesa de establecer el impuesto a las sobreganancias mineras que hubiera generado –en ese mismo período– más de US$ 5000 millones, es decir, 50 veces lo que reclama a los donantes incumplidos. Encima, no le cobra regalías a poderosas empresas mineras. Tampoco ha revisado o renegociado los inaceptables contratos de concesión de nuestros recursos naturales en condiciones negativas para el país. Resulta pues que hay recursos –y abundantes– pero, a la vez, no los hay.

Y es por ello que el malestar social no es patrimonio de Ica. «El país» crece hace años pero la pobreza sigue matando lentamente a un 45% de peruanos, y la brecha entre ricos y pobres aumenta. Es decir, «el país» no somos nosotros. ¿Acaso no vemos cómo se enriquece un puñado de grandes empresas, predominantemente extranjeras, mientras una mayoría de peruanos no la ven?

La gente protesta por el alza del costo de vida. El gobierno reduce los impuestos a la importación, pero grupos de comerciantes se comen la reducción y los precios no bajan, mientras el gobierno observa impasible como engordan los apóstoles que se sientan a la mesa de Palacio. ¿Y el apoyo a los productores nacionales? Bien gracias. Por eso, este 18 paralizan las Juntas de Regantes del país y las organizaciones agrarias agrupadas en Conveagro demandando una nueva política agraria.

El «salvataje desde fuera» es algo en lo que cada vez menos peruanos creemos. Muchos estamos hartos de que nuestros recursos naturales sirvan para enriquecer a otros y no para generar riqueza y empleo en el país. Vendemos materias primas y no las transformamos industrialmente, ni producimos la maquinaria y tecnología para explotarlas. Todo viene de afuera y la ganancia se va afuera, en lugar de generar empleo y desarrollo en el Perú. Y encima con enormes privilegios tributarios para los capitales extranjeros. Tampoco invertimos en ciencia y tecnología para aprovechar nuestros recursos naturales, el gigantesco banco biogenético que tenemos en el Perú. Con razón, los pueblos de la Amazonía protestan por la pretensión gubernamental de vender –en lotes de decenas de miles de hectáreas– nuestra selva para que la exploten grandes empresas extranjeras con el argumento de que se trata de terrenos ya eriazos y sin árboles. Con razón, los cusqueños y otros pueblos han resistido la pretensión de entregar en concesión a grandes cadenas hoteleras los terrenos adyacentes a las ruinas arqueológicas, sabiendo las corruptelas a las que esto se presta con un Estado que no está sujeto al control ciudadano ni actúa con transparencia.

¿Está loca la gente cuando se amarga porque quieren venderle el gas de Camisea a Chile cuando la absoluta mayoría de peruanos ni siquiera puede ni usarlo para tener energía o transporte baratos? Peor aun, cuando el Estado chileno se apropia de nuestro mar territorial impunemente y el gobierno apro-fujimorista de García sostiene que lo comercial y lo político van por cuerdas separadas.

Como cereza de la torta, le cierran el paso al trabajo a miles de jóvenes graduados como maestros, titulados por el Estado, diciéndoles que su titulo solo vale para trabajar si están en el tercio superior (sin valorar siquiera la calidad de sus centros de estudio). Y cuando reaccionan ellos y los gobiernos regionales, los amenazan con cárcel.

Es hora de frenar a este «Presidente» martillero y rematista del patrimonio y del destino nacional, hora de cambiar el rumbo y recuperar nuestro futuro. ¿Somos acaso mendigos esperando –por caridad– un futuro, o un pueblo capaz de asumir la construcción de nuestro destino?


Reproducción por iniciativa del autor.

http://www.larepublica.com.pe/content/view/204847/481/

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