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BOLIVIA - Ante otro desafío histórico

Jubenal Quispe

Viernes 23 de enero de 2009, puesto en línea por Jubenal Quispe

A sólo unos días de otro salto histórico boliviano, los cerca de 3 millones de bolivianas/as en el extranjero, miramos y escuchamos con indignación la vergonzosa complicidad entre los aún patrones seudo católicos de Bolivia, algunos «izquierdistas» desproporcionados y unos dirigentes irresponsables para decirle NO al texto de la nueva Constitución Política de Bolivia.

Los patrones católicos se oponen al texto constitucional porque saben que el poder económico, político, cultural y religioso que configuraron a la medida de sus intereses en Bolivia sufrirá una mutación jurídica. Los otros, porque no fueron invitados o no aceptaron ser parte de la nueva élite política que germina en el país, o porque simplemente juegan al record de radicalismos discursivos.

Y una vez más, como en el mito de Sísifo, los bolivianos/as estamos casi como al comienzo. Atrapados en una guerra sin cuartel, en la que la palabra se pervierte, la mentira se anuncia como verdad, el poder copula con la religión y el hambre y las urgencias continúan carcomiendo al país sin se oiga propuestas alternativas de ninguna parte.

En estas circunstancias es urgente repasar los motivos fundantes que nos encaminaron al proceso constituyente como la única alternativa para salir de nuestro adverso destino como país:

Iniciamos el sendero de la constituyente, con nuestros muertos y heridos a cuestas, porque identificamos que el pecado original del lamento boliviano es la exclusión sistemática de las grandes mayorías. La propiedad, la administración y las utilidades de las riquezas del país cebaron a una clase politiquera con crónico retardo intelectual y sin ninguna capacidad de visión de país. En esas condiciones, navegábamos seguros al naufragio final como país y como Estado.

Emprendimos el escabroso camino de la constituyente, conscientes de que sus resultados concretos sólo lo verían nuestros descendientes. Porque por experiencia sabemos de la dureza de la sistemática discriminación y marginación en nuestro propio terruño. Y este sistema, ¿qué mortal querría heredar a sus hijos?

Apostamos al proceso constituyente porque queremos y haremos una Bolivia de todos, con todos y para todos fundado y orientado por una filosofía intercultural. Pero también fuimos y somos conscientes de que el texto constitucional es y será sólo un medio, mas no el fin, para nuestra convivencia pacífica y para emprender el derrotero de la nueva Bolivia intercultural.

Somos conscientes que los contenidos del nuevo texto constitucional no expresan la audacia, ni la totalidad de las aspiraciones de todos los empobrecidos y marginados de Bolivia, pero tampoco legitima los privilegios para unos cuantos. Mal o bien, con pactos o sin ellos, es el resultado que lleva nuestra impronta como bolivianos/as. Aunque muchos fuimos excluidos en la medida que emigrábamos del país.

En estos momentos decisivos, patrones, obispos y algunos dirigentes sindicales nos dicen que reneguemos del texto constitucional. ¿Por qué será que los extremos de izquierdas y derechas se concubinan para NO al texto constitucional? ¿Qué fantasmas verán en dicho texto perfectible que hasta las campanas de los templos católicos doblan con sepulcral melancolía como nunca antes? La verdad es que no existen epitafios severos para nadie en dicho texto. Romperá con muchos privilegios deshonestos, sí. Pero la cuestión no es ésa. El mayor reto es su implementación. Pero ello se requiere una reforma intelectual y moral de cada uno de nosotros/as en la cotidianidad. Sin el compromiso personal de cada uno de nosotros/as, de nada valdrá.

El próximo 25 de enero, será una fecha inolvidable en la inconclusa historia boliviana. Cuantos acudan a las urnas asumirán la responsabilidad transgeneracional de decidir nuestra suerte y tendrán que contar a sus hijos/as su hidalguía o cobardía. Allí no habrá razones para atribuir a otros de posibles errores. El texto es público y claro.

Nosotros/as desde el extranjero, excluidos por el sistema electoral boliviano, en comunión con la comunidad de nuestros mártires, nos constituiremos en guardianes del refulgente amanecer que aún no termina de clarear en Bolivia. Porque no hemos nacido para morir en el intento. Porque no hemos mantenido las brasas de la esperanza, bajo las cenizas de la exclusión, para claudicar en la batalla final. ¡Hagamos que la esperanza siga floreciendo en Bolivia y para el mundo!

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