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VENEZUELA - La atrevida

Wuilian Mundarain V.

Jueves 11 de agosto de 2011, puesto en línea por Barómetro Internacional

Los comadrones del modelo en agonía pretendieron hacerle ver al país que para gobernarlo era indispensable la sonrisa asertiva del Departamento de Estado. Era la época de la más babosa genuflexión inculcada desde el kindergarten y multiplicada a mansalva por la radio, la prensa y la TV a millones de compatriotas. Bolívar, Sucre y Simón Rodríguez eran figuras borrosas encapsuladas a quienes la oligarquía miraba con pavor por el talante subversivo de sus pasados gloriosos. En su lugar se promovía la idolatría a los productos de plastilina, papel y acuarela empacados en Hollywood. Nuestros referenciales en los aeropuertos del mundo eran una torre de petróleo y unos bikinis de mujer bonita. Otra cosa eran las evidentes excepciones emergidas gracias al indiscutible talento personal, bien en las artes como en las ciencias o el deporte.

Y así nuestro amado país fue convirtiéndose en un aventajado y obediente protegido de los dueños del traspatio que blandía el título de la «Sólida Democracia» del continente y se dio el lujo de vender un barril de petróleo al «precio de costo», dijera un artesano. Una clase social que consolidó su poder taponeándole la esencia creativa a las mayorías nacionales; una elite que despreció a rabiar a los «poderes creadores del pueblo» y se negó rotundamente a «dejar entrar al cuadro angelitos negros», como bien lo plasmaran Aquiles y Andrés Eloy.

Pero los procesos históricos siguieron su curso y no tardaron en iniciar la demolición irreversible de los falsos cimientos del senil edificio burgués. 11 años han sido buenos para marcar hitos y romper marcas impensables en tiempos recientes: Nos libramos del analfabetismo, no recurrimos a los vergonzosos préstamos del latrocinio fondomonetarista, decidimos libremente con quién debemos tener relaciones políticas o comerciales y un larguísimo etcétera considerado hereje en la época puntofijista.

La Venezuela timorata del pasado siglo no volverá jamás. Decidimos soberanamente desengancharnos de la capa de Superman y comenzar a construir nuestro propio destino con nuevos paradigmas y nuevos valores.

No nos asuntan las amenazas de las grandes potencias, por eso hoy somos una nación que habla fuerte en la moribunda OEA y en el coso apestoso de la inmoral Organización de las Naciones Unidas. Nuestra pusilánime oposición no salió del asombro cuando el gobierno revolucionario colocó un satélite portando un tricolor con ocho estrellas en los confines del firmamento. Niegan las grandes obras de infraestructura como la red ferroviaria y los puentes sobre el río Orinoco. Se retuercen de la envidia cada vez que Gustavo Dudamel con nuestra mimada sinfónica, cosecha laureles en Viena, Berlín o Tokio y hace brincar de la emoción al más congelado esquimal.

Cosas veredes, Sancho, como decía el caballero de la triste figura. Pues bien, muchas cosas hemos visto y, seguramente, seguiremos viendo en este siglo XXI; tal es el caso del vertiginoso desempeño de nuestra escudería deportiva, en el que, aunque alguna mente obtusa lo quiera negar, juega un importantísimo papel las políticas diseñadas y ejecutadas por la Revolución Bolivariana para hacer del deporte nacional un instrumento eficaz de redención social. Ese efecto contagioso de los nuevos tiempos nos llevó a librar una brillante y bien merecida jornada en la finalizada «Copa América» con nuestra aguerrida Vino Tinto, la cual, contra todo pronóstico de expertos futbolísticos, se tituló en el cuarto lugar por encima de selecciones mundialistas como Argentina y Brasil y no como estúpidamente casi lo afirmaba un sesudo comentarista de un canal deportivo: Una pantalla gigante colocada por un Alcalde en la avenida principal de Las Mercedes.

Sin duda alguna, vivimos nuestra hora épica de osados emprendimientos donde destaca la ruptura con el pasado reciente de servilismo al coloniaje imperial, de traidora sumisión al imperio y la necesaria construcción de la patria nueva, humanista, solidaria y participativa. Nos sentimos orgullosos de contar con un plantel de arrojados vencedores que están a la altura del compromiso que significa portar el tricolor patrio.

¡El fútbol venezolano se respeta! Como efusivamente lo apuntó Farías. Razones sobran para celebrar y brindar con la vino tinto. ¡Salud, muchachos!


tritonzeus.50[AT]gmail.com

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