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PARAGUAY - El formalismo golpista

Carlos Gutiérrez P.

Sábado 30 de junio de 2012, puesto en línea por Claudia Casal

27 de junio de 2012 - Revista Atenea - No dejan de ser sorprendentes los nuevos argumentos formales que los sectores políticos, instalados en los Parlamentos y las Cortes de Justicia, han esgrimido para destituir a los presidentes democráticamente elegidos, dejando fuera el clásico uso de la fuerza militar golpista y utilizando artilugios constitucionales sobre incumplimiento de funciones.

Allí está grabado el caso de Manuel Zelaya en Honduras el año 2009 y Fernando Lugo en Paraguay el pasado 22 de junio que, a pesar de su formalismo legalista, sigue siendo un procedimiento que afecta el estado de derecho, como lo dijera el día 23 un comunicado de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En la situación del Presidente Fernando Lugo, el mecanismo aceleradísimo de votación del juicio político en el Senado y la destitución formal a las 24 horas siguientes, contando con apenas dos horas para exponer una defensa sin el tiempo necesario de preparación, con un reglamento hecho a la medida e ideado un día antes, ha servido para instalar la idea del abandono de funciones e incumplimiento de los deberes presidenciales, sin debate de lo que efectivamente está ocurriendo en Paraguay.

El gobierno de Lugo, desde el año 2008, ha hecho grandes esfuerzos por cambiar las históricas condiciones de desigualdad, pobreza y concentración del poder que han caracterizado al país y, a pesar de contar con una organización política precaria y enfrentarse a una poderosa oligarquía, puede mostrar éxitos importantes en diferentes área.

Este es un país esencialmente rural, cuenta con una población rural de 43,2 %. El índice de Gini en la distribución de la tierra rural es del 0.93, lo que casi se acerca a la desigualdad perfecta.

El 1 % de los propietarios concentra el 77 % del total de las explotaciones agropecuarias del país. En el otro extremo, el 37 % de los minifundios, tienen en su poder solo el 1 % de las explotaciones agropecuarias.

La economía paraguaya es bastante abierta y, si bien depende en gran parte del comercio exterior basado en productos agrícolas primarios, ha experimentado en los últimos años una diversificación sostenida hacia productos con mayor valor agregado así como un crecimiento de la demanda interna. Actualmente es el cuarto exportador de soja en grano y primer exportador de azúcar orgánica en el mundo.

El crecimiento económico en el año 2010 fue de un exuberante 15 % y en 2011 llegó al 4 %. Conspiró para esto un brote de fiebre aftosa y condiciones climáticas menos favorables producto de la sequía por la presencia del fenómeno del niño. Para enfrentar estas coyunturas el gobierno implementó un programa anti cíclico titulado «Plan de expansión de la inversión y el consumo», que hasta ahora está dando paulatinamente los resultados esperados.

Esto ha repercutido en un fuerte incremento del PIB per cápita, que pasó de US$ 1.660 en 2007 a US$ 2.720 en 2010, es decir un aumento de 63 % en tres años.

Otros datos económicos muy relevantes tienen que ver con que el total de las exportaciones crecieron un 22 % en 2011 respecto de 2010. Que la Inversión Extranjera Directa (IED) llegó a US$ 567 millones en 2011, con un aumento de 46 % comparado con el 2010. Que las reservas internacionales del país llegaron a un nivel histórico de 5.000 millones de dólares.

Muchos de los avances producto de un mayor gasto público también fueron posibles gracias a una modernización del Estado que permitió que la recaudación fiscal subiera significativamente, con un aumento de la proporción impuestos /PIB en 1,6 puntos porcentuales, del 11,9 % en 2008 a 13,5 % en 2010.

Entre los avances sociales, es imperioso destacar que la tasa de pobreza bajó de 41,2 % de la población en 2007 a 34,7 % en el año 2010. Que la esperanza de vida subió a 72 años en el 2011. Que se produjo una mejora en el suministro de agua potable para el sector rural, pasando de una cobertura de 63 % de la población en el año 2005 a 66 % en el año 2010. Que el gasto en salud, entre los años 2008 y 2010, tuvo un promedio de 6,2 % como porcentaje del PIB, comparado con 8 % de los países más ricos de la subregión.

Es claro que las motivaciones para la ruptura democrática en Paraguay están lejos de ser responsabilidad del presidente Lugo y más cercanas a los intereses oligárquicos, del cual el pre-candidato presidencial del Partido Colorado, Horacio Cartes, quien estaría detrás del artilugio político, es un claro representante. También se le ha ligado, en distintas investigaciones en Brasil, a los negocios de tráfico ilegal de mercancías y narcotráfico. No deja de ser llamativo el hecho de que este formalismo golpista se haga a escasos 10 meses de la próxima elección presidencial.

La defensa y respeto de los procesos democráticos, del estado de derecho, de la voluntad popular, del debido proceso, en tanto valores universales, deben ser las materias sensibles que la comunidad internacional, y particularmente la regional, haga prevalecer, porque hoy son de responsabilidad y necesidad compartida. Hasta hoy los organismos multilaterales como la OEA, la UNASUR, y el MERCOSUR, en términos generales han sido muy claros en el rechazo a este formalismo golpista. La mayoría de los países suramericanos han llamado a sus embajadores, otros sencillamente los han retirado y han declarado que negarán el reconocimiento del nuevo gobernante.

Pero la cuestión de la defensa de la democracia y sus presidentes constitucionales se enfrentan a una coyuntura muy decidora. Las cláusulas democráticas de la OEA, MERCOSUR y la UNASUR deben superar la retórica, así como el chantaje que ciertas medidas punitivas afectarían al pueblo paraguayo y sobrepasarían la soberanía nacional de la autodeterminación. Si terminan aceptando de facto este formalismo golpista será un golpe duro a su proyecto estratégico. Se requiere ser tajante y ejemplificador en las medidas.

Este momento será un barómetro para todos los gobiernos, puesto que se pondrá a prueba su verdadera y profunda vocación democrática.


Reproducción por iniciativa del autor.

Fuente: Revista Atenea. Artículo publicado el 27 de junio de 2012

Carlos Gutiérrez Palacios es Licenciado en Historia por la Universidad Católica de Chile, director de la ONG Centro de Estudios Estratégicos, en Chile y Magíster en Ciencias Militares.

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