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El fin del mundo unipolar en el conflicto de Otesia

EUROPA - No se pone de acuerdo para enfrentar a Rusia

Ernesto Tamara

Martes 9 de septiembre de 2008, puesto en línea por Barómetro Internacional, Ernesto Tamara

La situación en las regiones de Georgia, de Otesia del Sur y Abjazia, tras el reconocimiento de su independencia por Moscú, sigue siendo tensa y blanco de las maniobras diplomáticas y políticas de Estados Unidos y la Unión Europea. La Unión Europea que amenazó con sanciones a Rusia no se pone de acuerdo debido a que Francia y Alemania priorizan sus relaciones económicas con el Kremlin. Al mismo tiempo Estados Unidos ve como su dominio unilateral de mundo llega su fin.

La información que trasciende de los grandes medios busca condenar a Rusia por su intervención armada en defensa de los ostesios atacados por Georgia el pasado 8 de agosto, y renuevan la propaganda de décadas anteriores advirtiendo de un resurgimiento de la “guerra fría”, de las intenciones expansionistas de los rusos, de un revival de la Unión Soviética, etc.

Toda la batería de la vieja propaganda anticomunista al servicio ahora de disfrazar la lucha de intereses económicos y políticos en que todas las potencias están involucradas.

Existe un interés en volcar al público en defensa de los “valores occidentales”, en defensa de la integridad territorial de Georgia, de frenar el expansionismo ruso, que a veces tildan livianamente de “soviético”. Por otra parte, asi como la derecha promueve que en el imaginario público se asocie Rusia con la Unión Soviética, a veces la izquierda también se confunde y comete ese error.

Rusia es hoy una potencia económica mundial, capitalista, que está buscando extender su influencia en Europa y en aquellos países con los que anteriormente estuvo vinculado. Sin embargo, en este caso, reaccionó como una potencia agredida en su zona de influencia.

No es casual que a pocas horas de la invasión de las tropas de Georgia a las regiones separatistas, y la reacción de las tropas rusas, Polonia haya acordado finalmente ceder a las presiones norteamericanas y aceptar la instalación en su territorio del llamado “escudo antimisil”. La República Checa ya había aceptado participar de ese programa militar, que según el Pentágono está diseñado para defender Europa y Estados Unidos de posibles misiles de “naciones que cobijan al terrorismo”, e interpretada por los militares rusos como una amenaza a sus ciudades.

La reacción de Georgia al intentar controlar las regiones separatistas de Otesia del Sur y Abjazia fue respaldada por Estados Unidos. El primer ministro ruso, Vladimir Putin, reveló que apenas desatada la acción armada, con bombardeos a la población civil, llamó al presidente George Bush para que intercediera ante su aliado georgiano, el presidente Mijaíl Saakashvili. Sin embargo Bush no respondió a sus llamadas, estaba muy ocupado visitando las instalaciones olímpicas.

La invasión georgiana ocurrió al culminar unos ejercicios militares que realizaban con la participación de asesores y observadores militares norteamericanos. Hay quienes sospechan que esos observadores y asesores militares también estuvieron con las tropas georgianos en su intento por ocupar las regiones separatistas.

Algunos diarios rusos han informado de que mercenarios norteamericanos y de Israel fueron abatidos en el contraataque ruso a los georgianos. Según datos oficiales, unos mil asesores militares norteamericanos y algunas decenas de israelíes están en Georgia desde hace años.

Desde la caída del bloque soviético, Georgia se ha volcado a los “brazos” norteamericanos y ha recibido material militar, asesores, e inversiones en oleoductos. También Israel se ha situado como socio especial de Georgia.

El objetivo, ya logrado a medias, era establecer una vía de salida del petróleo y gas del Mar Caspio hacia Europa y otros destinos.

La Unión Europea llama la ruta a través de Azerbaijan y de Georgia su «Cuarto Corredor», el cual incluye proyectos como el gasoducto «Nabucco» que llevaría el gas hasta Austria, saliendo desde donde termina el BTC en Turquía.

El oleoducto BTC (Baku, Tibilisi, Ceyhan) contornea totalmente el territorio de la Federación Rusa. Transita a través de las antiguas repúblicas soviéticas de Azerbaijan y Georgia, las cuales se han convertido en “protectorados” de EE.UU, firmemente integrados en una alianza militar con el país del norte y la OTAN.

Además, ambas repúblicas tienen acuerdos de cooperación militar de larga data con Israel importa alrededor del 20 por ciento de su crudo de Azerbaijan. La apertura del oleoducto reforzará sustancialmente las importaciones desde la cuenca del mar Caspio

Según Eduardo Giordano, especialista en temas relacionados con conflictos del petróleo, «Georgia es considerado un país mucho más seguro que los llamados Estados fallidos y que todos aquellos países en los que, particularmente tras el 11-S, podría proliferar alguna forma de terrorismo religioso o de extremismo islámico». Con este movimiento de apoyo a la ruta Azerbaján-Georgia-Turquía, EE.UU espera terminar con la dependencia de oleoductos rusos e iraníes para la explotación en el Caspio y reducir el peso de Rusia en la zona. Como beneficios añadidos, a una escala más global obtendrá una menor dependencia de los países exportadores de Oriente Medio y un suministro seguro de energía para Israel.

Esta conexión Caspio-Mediterráneo, aprobada en 1999 durante la Cumbre de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), ha convertido a Georgia en un enclave energético estratégico cuya estabilidad es vital para Washington. EE.UU. no sólo ha tenido mucho que ver en que se eligiera la ruta que pasaba por Georgia, sino que también está implicada en la realización de las infraestructuras de transporte a través de sus potentes compañías petrolíferas.
La construcción del oleoducto es un proyecto del AOIC (Azerbaján International Oil Consortium), el consorcio internacional del petróleo que opera en Azerbaján y que reúne a las multinacionales estadounidenses más importantes como Chevron, Exxon Mobil y Unocal. Según las declaraciones de Medí Parkizi Amineh, investigador del instituto Clingendael en Holanda y del International Institute for Asian Studies de la Universidad de Amsterdam, Bush y miembros de su equipo de gobierno estuvieron involucrados en la formación de dicho consorcio.

Prueba de ello, es la participación de George Bush a través de sus petroleras Arbusto y Harken; del Vicepresidente Dick Cheney, que como presidente de Halliburton hizo una oferta para comprar la parte turca del oleoducto; de Condolezza Rice, actual consejera de seguridad, y que por entonces era la directora de Chevron; y por último, la relación con el proyecto del actual viceministro de Relaciones Exteriores, Richard Armitage, entonces presidente de la Cámara de Comercio de EEUU-Azerbaján

El interés de EEUU por la zona no es nuevo. Lleva años realizando operaciones estratégicas y militares en la región en una lucha por ganar posiciones a Rusia. Ejemplo de ello fueron los acuerdos alcanzados con los gobiernos de las repúblicas ex soviéticas de Uzbekistán y Tajikistán que le permitieron la instalación de bases militares en estos territorios. En Georgia también tiene instructores militares casi permanentes.

Cheney visita el oleoducto

Tras el respaldo de Estados Unidos al presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, y el envio de “ayuda humanitaria” y barcos de guerra al Mar Negro, el vicepresidente Dick Cheney anunció una rápida visita a ese país. En una breve gira esta semana, Cheney visitará Tiflis, la capital de Georgia, y Azerbaiyán y Ucrania, otros dos socios en la región.

Según explicó el secretario del Consejo Nacional de Seguridad de Georgia, Alexander Lomaia, Cheney hablará sobre la situación de los gasoductos que cruzan el país. «Pensamos que el principal punto de las conversaciones será la seguridad de los ductos de petróleo y gas», dijo Lomaia.

La seguridad de los ductos llevó también al presidente George Bush y su secretaria de Estado, Condoleezza Rice, a frenar los impulsos a establecer sanciones a Rusia, aunque de todas maneras prevé complicar el ingreso de Rusia a organismos comerciales internacionales.

Rice adoptó una postura menos agresiva que algunos de sus colegas europeos, y si bien criticó a Rusia, sostuvo que «EE.UU. trabaja activamente con sus socios europeos en la mediación internacional», y agregó que para esos esfuerzos necesitan «urgentemente el apoyo de Rusia».

La ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright, consideró de débil la postura norteamericana. Consideró que en lugar de Rice hubiera viajado a Moscú para decirle a los rusos “en términos muy claros que (su) comportamiento no es aceptable” y habría promovido un mayor aislamiento internacional. Según ella, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debe proseguir «sin dudar» sus planes para acoger a Georgia en su seno.

Por lo pronto, Estados Unidos no ha podido actuar tan decididamente como hubiera deseado y debe esperar la reacción de Moscú antes de presionar a sus aliados a establecer sanciones.

Europa no puede sancionar a Rusia

La dependencia alemana y francesa del gas ruso y otras inversiones de estos países en Rusia ha impedido que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel se sumen a la propuesta de otros países de la Unión Europea para sancionar a Moscú.

Entre los ministros de relaciones exteriores más interesados en aislar a Rusia y promover la expansión de la Unión Europea hacia el Este, se encuentra el canciller sueco Carl Bildt.

Bildt, firme aliado de Estados Unidos desde su época de estudiante y su paso como primer ministro sueco a principios de los 90, es conocido por sus vinculaciones con empresas petroleras que invierten precisamente en las ex repúblicas soviéticas y en África.

En una reciente entrevista al diario alemán “Frankfurter Allgemeine Zeitung” sostuvo que la Unión Europea debería acelerar sus planes por una asociación con las antiguas repúblicas soviéticas.

El primer ministro británico Gorndon Brown está en la misma línea dura contra Moscú, y le advierte a sus socios europeos que no se dejen chantajear con la energía. . «No puede permitirse a ningún país el dominio energético de Europa», advirtió en un artículo publicado en “The Observer”. El líder laborista exigió a Rusia que reconozca «la integridad territorial de Georgia y retire sus tropas».

En su artículo, Brown sitúa la guerra de Georgia en el marco del fuerte crecimiento del poder económico de Rusia, cuyo comercio se ha multiplicado por cuatro por la subida del precio del petróleo. Con el telón de fondo de la dependencia energética, Brown anuncia que presionará a los líderes europeos para que «aumenten los fondos para un proyecto que nos permita aprovisionarnos energéticamente del mar Caspio y reducir nuestra dependencia de Rusia».

Más realistas, los alemanes, que han acordado la construcción de un gasoducto desde Rusia a su país a través del Báltico, no respaldan las sanciones. El ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier dijo que «necesitamos un papel de Europa fuerte y sensible para permitir la vuelta a la razón y a la responsabilidad», afirmó.

De hecho Europa tiene pocos argumentos para rebatir las acusaciones del presidente ruso, Dimitri Medvedev y de su primer ministro Vladimir Putin. Ambos recordaron la aceptación de Europa de la independencia de Kosovo, ignorando los mecanismos establecidos por Naciones Unidas para llegar a esa decisión.
Putin recordó además que mientras Europa sólo reaccionó después de un tiempo para ”defender” a los musulmanes bosnios y a los kosovares de las tropas serbias, Rusia logró impedir rápidamente lo que consideró una masacre de las tropas de Georgia en la provincia separatista.

A principios de los 90, los cancilleres de la Unión Europea, con la sueca Ana Lindh a la cabeza, “convencieron” al presidente norteamericano Bill Clinton de bombardear Serbia para impedir la masacre de los musulmanes bosnios y de los separatistas kosovares.

Otesia del Sur tenía autonomía desde 1922

Tras la revolución de octubre, los bolcheviques rusos concedieron, en 1922, la autonomía a la región de Otesia dentro de lo que era y es hoy Georgia. Esta situación se mantuvo incambiada hasta la caída del bloque soviético. Con el derrumbe de la URSS, en 1989, el el Congreso de Diputados Populares de Osetia del Sur proclamó su autonomía, como hacían el resto de las ex repúblicas soviéticas. Sin embargo, la nueva Georgia no aceptó esa decisión y declaró la autonomía inconstitucional.

Pero los ostesios insisten. El 20 de septiembre de 1990 los diputados locales vuelven a proclamar la soberanía y la creación de la República de Osetia del Sur. En respuesta, el 10 de diciembre de ese año el parlamento de Georgia declaró abolida la autonomía de Osetia del Sur. Al otro día se iniciaron los enfrentamientos, que en enero de 1991 ya habían provocado 2.000 muertos.

El 19 de enero de 1992 los separatistas realizan un referendo y sus habitantes votaron a favor de su anexión a Rusia, tras lo cual empezaron a recibir ayuda desde el Norte, de donde llegaron combatientes, además de otras regiones rusas. En 1992 las fuerzas georgianas cercaron y bombardearon la ciudad hasta lograr entrar en los suburbios.

Las hostilidades cesaron tras la firma del acuerdo de Dagomis (balneario de la costa rusa del mar Negro), entre Rusia y Georgia, por el cual a partir del 14 de julio de 1992 se desplegaron en la zona fuerzas de paz cuya presencia no ha impedido, sin embargo, que el régimen separatista formase unas Fuerzas Armadas propias.

Sólo parte del territorio de Osetia del Sur (entre un 30% y un 40%), habitado por georgianos, sigue bajo control de las autoridades de Georgia; el resto, dirigido por las autoridades independentistas, aboga por la separación y la unión a Rusia.

El 10 de noviembre de 1996, la Osetia rebelde celebró elecciones presidenciales. El ganador fue Liudwig Chibirov (65% votos). El 6 de diciembre de 2001, Chibirov fue relevado por Eduard Kokoiti (53% votos). El electorado fue convocado a las urnas el 12 de noviembre de 2006, para refrendar la independencia de la Osetia sureña (99%
lo apoyaron) y elegir a su presidente, de nuevo Kokoiti (98,1% votos).

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