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Opinión
GUATEMALA - Desafíos para la identidad maya
Juan José Hurtado Paz y Paz, Prensa Comunitaria
Miércoles 29 de abril de 2026, puesto en línea por
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5 de diciembre de 2025 - Prensa Comunitaria - De manera empírica podemos observar que en la mayoría de pueblos indígenas, sobre todo en las juventudes maya, se está perdiendo aceleradamente el uso del idioma propio, la indumentaria ancestral y la conexión con la Madre Naturaleza y el territorio, elementos clave de identidad cultural.
¿Qué se pierde realmente cuando un idioma deja de hablarse o cuando la indumentaria ancestral deja de usarse? ¿Y qué se pierde cuando se debilita la conexión con la Madre Tierra y el territorio? Es pertinente preguntarnos por qué está ocurriendo esto, qué impactos tiene en las nuevas generaciones y si corresponde hacer algo al respecto.
Comprendemos que las culturas no son estáticas. Además, cada pueblo tiene derecho a decidir sobre sus vidas y sobre cómo expresar sus identidades. Sin embargo, no deja de preocupar esta pérdida acelerada de elementos de identidad indígena.
Como hemos dicho, Guatemala no es exclusivamente indígena, pero sí profundamente indígena; lo indígena es lo que nos da nuestro sello propio. Y aún las personas mestizas estamos impregnadas de mucho de lo indígena, en nuestra gastronomía, en nuestro vocabulario, en formas de ser, en nuestra idiosincrasia como guatemaltecas y guatemaltecos. En ese sentido, la pérdida de elementos culturales mayas no afecta únicamente a los pueblos originarios, sino a la riqueza simbólica del país entero.
Hay una discusión grande sobre los trajes de los pueblos, sobre su origen y su significado. Si bien puede ser una imposición de los encomenderos colonialistas para distinguir de qué pueblo eran las personas y a quiénes les correspondía como encomendados (una argumentación ideológica para justificar la explotación de su mano de obra), los pueblos indígenas los volvieron elementos identitarios y les introdujeron muchos elementos con significado profundo de historia y cosmovisión. Con el tiempo, cada comunidad fue incorporando colores, símbolos y formas de tejido que comunican su relación con la naturaleza, con los ciclos de la vida, con su historia comunal y con la espiritualidad maya. La indumentaria dejó de ser una marca impuesta para convertirse en un lienzo vivo de resistencia, memoria y orgullo.
En el caso de los idiomas, no sólo son una manera de comunicar, sino de entender y construir el mundo. Cada lengua organiza la realidad de forma distinta, nombra lo que otros idiomas no pueden nombrar, revela formas propias de interpretar el tiempo, el territorio, la comunidad y lo sagrado. De manera que, si se pierde el idioma, se pierden elementos fundamentales de un pueblo: su filosofía de vida, su memoria histórica, su forma de ver la naturaleza, incluso su sentido del “nosotros”. De allí la importancia de conservarlos, revitalizarlos y transmitirlos desde la familia, la escuela y los espacios comunitarios.
Para los pueblos mayas, la conexión con la Madre Naturaleza no es solo física, sino histórica, espiritual, ética y comunitaria. Implica comprender que la vida humana está entrelazada con los ciclos de la naturaleza, con los cerros, los ríos, los bosques y los seres que los habitan. Cuando esta relación se debilita —por la desvalorización del trabajo agrícola que es la más pesada, peor remunerada y menos valorada, la urbanización acelerada, la migración, el despojo territorial o la presión del modelo extractivo, la influencia de las nuevas tecnologías — también se debilitan los valores, prácticas y conocimientos que sostienen la identidad colectiva. La ruptura con el territorio afecta no solo la forma de vivir, sino también la forma de sentir, pensar y ser pueblo.
¿Por qué el abandono de elementos de la identidad indígena?
La razón más evidente es el racismo que sufren las personas que se auto identifican como indígenas. El racismo es estructural, forjado a lo largo de siglos y nos ha penetrado profundamente a todas y todos, mestizos e indígenas. Según esta ideología dominante, ser indígena es “lo más bajo” en la escala social al punto que incluso se convierte en un insulto llamar a una persona “india”. El idioma y la indumentaria son indicadores clave de la identidad cultural por lo que “delata” a las personas como indígenas y, en consecuencia, pueden ser discriminadas.
En Guatemala se nos ha enseñado que lo indígena representa atraso y, por lo tanto, lejos de reafirmar los idiomas propios, se promueve el aprendizaje de idiomas extranjeros, que pueden ser útiles pero no a costa de negar lo propio. Asimismo, se equipara ser indígena a ser pobre y, por lo tanto, usar la indumentaria ancestral es signo de “pobreza” – muy contrario a lo que realmente es -. En general, existe el estigma de que lo indígena representa “ignorancia”, cuando tienen una gran sabiduría acumulada de una cultura milenaria.
Ante este racismo, lo indígena debe ocultarse para sobrevivir. Eso explica por qué, en la mayoría de los pueblos, han sido los hombres los primeros en abandonar el uso de su indumentaria ancestral pues eran quienes más salían de sus comunidades y procuraban pasar desapercibidos por su identidad cultural.
Esta violencia simbólica sigue golpeando la autoestima de muchas juventudes, que sienten que para “progresar” deben renunciar a su identidad. La vergüenza aprendida se vuelve entonces un mecanismo eficaz de despojo cultural.
Como señalamos arriba, los hombres, en la mayoría de los pueblos, fueron los primeros en perder su indumentaria ancestral hace décadas. Sin embargo, ahora es perceptible aceleradamente también en el caso de mujeres, especialmente jóvenes. Entre las razones que lo explican están:
– El costo de los trajes. Muchas jóvenes no aprendieron a tejer y ahora deben comprarlos, lo cual resulta caro. En cambio, está la ropa de paca —desechada en países “ricos”— que es muy barata, frente a lo cual es difícil competir.
– La comodidad y el ritmo de la vida moderna. La movilidad, el trabajo y la vida urbana hacen que algunas prendas tradicionales resulten pesadas o poco prácticas. Y la vida urbana también está llegando a comunidades rurales. La diferenciación entre lo rural y lo urbano es cada vez más tenue.
– La influencia de los medios y las nuevas tecnologías. Las redes sociales virtuales, los modelos globalizados de belleza y la estandarización de la moda influyen fuertemente en la percepción de lo “deseable”.
– En el caso de Huehuetenango, la cercanía con la frontera mexicana. En varios territorios, la moda de lo que se utiliza en México tiene una presencia fuerte y desplaza lo local, negando a la indumentaria ancestral.
Quizás más grave aún es la pérdida de los idiomas propios. Además del racismo, varios factores presionan a la pérdida del idioma:
– La ausencia de una verdadera educación bilingüe intercultural y la imposición del idioma español como lengua franca, que no promueve la comunicación en idiomas originarios.
– La falta de materiales, contenidos y tecnologías en idiomas maya, lo que limita su uso en contextos contemporáneos.
– La percepción de poca utilidad, reforzada por el mercado laboral que no siempre reconoce el valor del multilingüismo indígena.
– La migración interna y externa, que introduce a jóvenes a espacios donde su lengua no es comprendida.`
No pretendemos culturas de museo. No se trata de “congelar” las culturas ni de obligar a las juventudes a reproducir exactamente lo que hicieron las generaciones que les han antecedido. Las culturas viven porque cambian, se adaptan, crean y reinventan. El reto no es inmovilizar la identidad, sino evitar que la presión externa la borre. Los pueblos indígenas han sobrevivido precisamente porque han sabido combinar continuidad y renovación, muchas veces mimetizando elementos fundamentales de su identidad cultural en las formas impuestas.
El reto es “cambiar permaneciendo y permanecer cambiando”. Permanecer no significa replicar todo tal cual fue, sino mantener el espíritu profundo que sostiene la identidad: la relación con el territorio, la comunidad, la espiritualidad, los valores de complementariedad, respeto y equilibrio. Cambiar, en cambio, implica crear nuevas formas de expresar lo maya en la música contemporánea, en el arte digital, en la moda reinventada, en el uso del idioma en redes sociales, en la defensa territorial, en la participación política de juventudes indígenas.
En las juventudes está el futuro de los Pueblos Indígenas. La identidad también puede crecer y expandirse, no sólo resistir. En la identidad hay una gran fuerza para construir Buen Vivir y no ser asimilados totalmente por el sistema dominante.
La defensa de la identidad no es nostalgia; es un acto político y espiritual. Implica crear condiciones para que las juventudes se sientan orgullosas de lo que son y encuentren caminos para vivir su identidad en el presente, fundamentados en el pasado.
Algunas acciones necesarias son:
– Fortalecer el vínculo de las y los jóvenes con la Madre Tierra y los territorios, a través de prácticas agrícolas y otras actividades que refuercen esta conexión.
– Fortalecer la educación bilingüe intercultural, verdaderamente diseñada con y para los pueblos.
– Impulsar espacios de formación cultural donde jóvenes aprendan historia, tejido, música, espiritualidad y pensamiento maya.
– Promover el uso digital de los idiomas, generando contenidos, aplicaciones, podaste y redes sociales en los idiomas indígenas, con los cuidados necesarios pues las nuevas tecnologías pueden ser utilizadas también para la reproducción del colonialismo y el despojo cultural.
– Impulsar políticas públicas que reconozcan y protejan la indumentaria como patrimonio vivo.
– Acompañar procesos organizativos juveniles para que su liderazgo sea también una expresión de identidad.
La identidad no debe vivirse como una carga, sino como una fuente de fuerza. Si logramos que las juventudes mayas se reconozcan en su historia y encuentren en ella posibilidades de futuro, la pérdida acelerada puede transformarse en una revitalización profunda.
Juan José Hurtado Paz y Paz es una persona comprometida con los esfuerzos por una vida digna para todas y todos, como individuos y como pueblos. Desde su adolescencia ha sido parte de organizaciones sociales de base y movimientos sociales. Ha trabajado en distintas oenegés de desarrollo y derechos humanos, tanto guatemaltecas como internacionales.
https://prensacomunitaria.org/2025/12/desafios-para-la-identidad-maya/.

