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Poema de terror para niños
Las casas de Israel
Andrés Bianque Squadracci
Viernes 30 de enero de 2026, puesto en línea por
Noviembre, 2024.
¿Dónde está mi niño? Me pregunto, ¿Dónde está mi amor? Insisto.
Oscilan de los olivos robados, cuerpos descompuestos, ondeando las vísceras de la primavera violada.
El viento va meciendo el polvo de los cadáveres, sobre sus rostros de piedra.
Llanto de infante torturado, colma sus norias y enjuaga la espuma de sus colmillos.
Sandías de sangre cuajada, lloran brazo abajo.
Los manteles están confeccionados con piel humana.
Las bisagras reproducen el sonido de las mandíbulas rotas.
Los marcos son costillas moreteadas.
Las cortinas son de cabello humano.
Niños llenos de arrugas y ojos muertos, duermen transparentes en sus terrazas apropiadas.
Las ramas son brazos arrancados.
Las hojas son manos cercenadas.
Las manzanas son coágulos suspendidas en el calendario de horrores.
Altaneras, caminan las blancas palomas con su estrella de hematomas al pecho.
Las ventanas son clavículas remachadas.
Los senderos son caminos pavimentados con limadura de huesos.
Los pájaros van arrancando los dedos enterrados.
¿Ves los moretones en los versos apaleados?
¿Se escucha el llanto de los niños por entremedio de los acentos?
¿La tinta ensangrentando las uñas arrancadas?
¿Se ven los puntos suspensivos … desde donde se cuelgan?
Menú de ojos reventados, adorna los platos.
Café de émbolos, oscurece sus voces de espanto.
Beben desde las gargantas cercenadas, chorreándoles el dorso de tumba vacía.
Y baja la sangre por entre las cortinas, subiendo por entre la bota de los infanticidios.
Y sube el llanto por las patas humanas de las mesas, estampando los tapetes con dientes de leche.
Mientras los nombres de mártires anónimos, adornan con sus cabezas cortadas los salones.
El viento va silbando, a través, de los fémures arrancados, la canción de los carniceros de niños.
Hogar, le llaman al museo del horror donde habitan.
Casa, le llaman a la carnicería impuesta en tierra ajena
Las pinturas, imagino entiendes, son brochazos de sangre, lienzo de ligamentos cortados.
Los cartílagos abrigan las paredes.
Las lámparas son cabezas de niño decapitadas.
Las alfombras son sobras de espaldas latigueadas.
El sonido de las bofetadas en contra de los niños, es la búsqueda del aplauso que nadie les dará.
Las ramas son brazos cortados.
Los pétalos son lenguas cercenadas.
Mientras en las noches, un quejido repta por entre sus sábanas de estrellas azules.
Y entre más reina el silencio, más claro se escuchan los lamentos.
Duermen plácidos, en un cementerio de niños despedazados.
Alumbrando sus cavernas con candelabros de huesos temblando.
Molinos llenos de sangre, humedecen sus campos.
Ahí van, los jardineros de abortos forzados.
Los alcohólicos de placentas maternas.
Los adictos a las rebanadas de niños quemados y sus billeteras de cripta ambulante
Colonia de zánganos siniestros, sólo producen tajos, pesadillas y tumbas.
Nefasta nación representante de la náusea.
Cosechando muñecas rotas, triciclos de tráqueas abiertas y carrusel de caras cortadas.
Riñones de niño muerto, como medallas.
Cordones umbilicales, como cintas de sus zapatos.
Legión lóbrega de psicópatas auto bendecidos, acarreando mochilas con sobras de carne infantil.
Y su silabario de sábana ensangrentada.
Y sus crayones de córneas y pestañas de ceniza.
Ya llegará la hora en que los muertos se levanten.
En que un ejército de niños muertos, avance por las calles sonriendo.
Esa sonrisa, será vuestra derrota.

