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CHILE - El clan Pinochet preso: ¿justicia del vencedor?

Ariel Zuñiga

Martes 9 de octubre de 2007, puesto en línea por Ariel Zúñiga

“El facón nunca ofende la mano que lo empuña”
(Martín Fierro)

Una resolución judicial es un acto de poder y quien lo ejecuta por tanto, debe tener más poder que quien la sufre.

Esta es una cuestión elemental pero consuetudinariamente olvidada en los análisis. Es normal que se confunda lo que se quiere que sea la sociedad con lo que es la sociedad a pesar del analista.

Escribo este artículo tres horas después de que el clan Pinochet ha sido procesado por el Ministro Carlos Cerda y que por lo tanto, se haya decretado una orden de detención en contra de ellos para efecto de prontuariarlos.

Eso significa que para cuando usted lea éste artículo seguramente ya se encuentren en libertad e incluso que la Corte Suprema ya haya revocado el auto de procesamiento en su contra. De todos modos lo dicho aquí vale, puesto que es un buen ejemplo para entender qué es la justicia y tratar el tema de la justicia del vencedor.

Desde Núremberg hasta Milošević

Que los Nazis cometieron actos deleznables no existe duda alguna pero, si hubieran derrotado a Stalin en el frente oriental, a Patton en el Sur y al desembarque por el Oeste es muy difícil pensar que alguien hubiera sido juzgado por Auschwitz. De hecho nadie se referiría a tales hechos como «crímenes», quizá sí como errores y excesos, pero la calificación jurídica depende de un juicio y un juicio de un justiciable y de un justiciero.

Los bombardeos de los Aliados en la ciudad germana de Dresde o los del ejército de los EEUU en el Japón son actos necesarios y a posteriori justificados. Pero los homicidios cometidos por dictadores que se transformaron producto de los azares de la historia en enemigos de los poderosos se transformaron de pronto en crímenes. No sólo Milošević se encuentra en esa selecta lista también Husseín, Bin Laden, Noriega y por supuesto, Pinochet.

¿Cual es la diferencia entre una medalla y un traje a cuadros? Desde luego no existe ninguna si lo explicamos desde el acto mismo, la diferencia se encuentra en la legitimación del hecho la cual ocurre a posteriori del mismo. El triunfo militar y el consecutivo triunfo político blanquea todos los medios que posibilitaron ese fin: Quien gana la guerra y luego gana la paz se gana el poder a contar la historia que quiera y de ajusticiar a todos quienes le puedan impedir conservar el poder obtenido.

En la guerra la legitimación la da el triunfo, y en la paz, existen órganos que en principio son legítimos y que sus asesinatos, si son ocasionales y azarosos, se entienden legítimos independiente de su arbitrariedad. Los tribunales por tanto, en tiempos de paz pueden juzgar a aquellos que según el criterio político dominante de hoy fueron criminales en tiempos de guerra aunque sean ellos quienes permitieron la existencia de la institucionalidad actual. En el poder no existen lealtades.

La Justicia

Platón dijo que la Justicia era dar a cada uno lo suyo. Más de dos mil años después nadie sabe qué diablos significa eso pero de todos modos se sigue reiterando la frase como si se tratara de un conjuro para espantar a los Dioses de la guerra. Se dan miles de explicaciones para decir que significa una superación de Hammurabi o de la ley de Talión fundamentados en que «lo suyo» Platónico alude a una idea de bien común. Del mismo modo pensaba Aristóteles aunque definía a la Justicia más como un propósito que como un resultado.

Consecuencia de lo anterior es que era posible actuar con justicia Aristotélica mientras se quemaban brujas o se descuartizaba ladrones de gallinas. Antes que apareciera Hegel con su enciclopedia de la Filosofía Basura, el único culpable era el Estagirita. Después el idealista prusiano sofisticó el vacuo concepto afirmando que el mal que produce alguien en la sociedad era eliminado por el mal que causaba la pena: Una forma muy elegante de justificarse para quien dispone el poder de definir lo malo y lo bueno.

Sin saber qué es lo que corresponde a cada quien, qué es lo malo o bueno para la sociedad, y sabiendo que la pena solo causa un mal adicional al mal del delito (y a veces es el único mal como en el caso del narcotráfico) el siglo veinte transcurrió sin querer preguntarse mucho al respecto, sólo viviendo el momento, dando grandes discursos a la galería pero actuando con pragmatismo en los palacios. Esa hipocresía es la empleadora de los defensores de los DDHH, los nuevos paladines de la justicia, que viven condenados como Sísifo pero sin hasta ahora subir la piedra hasta la cima de la colina.

La Corrupción

La Corrupción y el Narcotráfico son las dos grandes mentiras con las cuales la comunidad internacional intenta excusarse del incumplimiento reiterado de sus programas.

En algunos casos se explica que el narcotráfico es causa de la corrupción, en otros se ha dicho que una consecuencia. Pero nunca se dice qué es el narcotráfico ni cual es el gran mal que provoca y del mismo modo, qué es la corrupción. El juego consiste en no derrotarlos nunca. Si Superman mata a Lex Lutor, pierde su razón de ser.

Para que exista corrupción tendría que existir un sistema prístino y virginal en el origen y eso es falso. Los grandes críticos de la Constitución del 80 deberían investigar en qué condiciones se dictaron las cartas de 1833 y 1925, y las diversas reformas entre estas. De qué doncella hablan. ¿Acaso se refieren a la carta de la ONU? que consagró la Pax Americana de la Guerra fría ¿O a la revolución francesa?

Me caben serias dudas acerca si quienes dan esos argumentos saben realmente de qué están hablando o abusan de la ignorancia reinante para perpetuarse en el poder mientras copian y pegan en Papers en dónde afirman que lo que tenemos es una democracia.

Siguiendo el Camino del Dinero

Qué duda cabe que Pinochet y los suyos se enriquecieron durante los 17 y más años que han gobernado el país; y qué duda cabe que hoy pueden ser juzgados por que ya perdieron gran parte del poder que tenían.

Sin embargo todos hablan escandalizados cómo si los políticos fueran unos «servidores públicos» y la democracia el paraíso de los justos.

Pinochet mató, torturó, traficó armas y quizá hasta drogas (al menos su hijo sí lo hacía), y se enriqueció a costa del erario fiscal. Pero enriqueció mucho más a los Piñera, a los Yuraseck y a todos los que se hicieron el «pino» con las privatizaciones. La comisión que cobró Pinochet es muy pequeña en comparación al tamaño de la operación y esto habla de un militar probo, o bastante inepto en cuestiones de aritmética.

Está claro que Pinochet es «corrupto», y con eso basta para los primermundistas a quienes les encanta esa latinoamérica lírica repleta de novelescos dictadores pero, ¿qué ocurre con sus sucesores? No
vamos a hablar de Aylwin ya que se trata de un político profesional pero Frei ¿declaró sus intereses? ¿dijo con cuánto dinero empezó su periodo de presidente y con cuánto terminó?, ¿alguien le ha reprochado su
amistad con Fujimori y Menem?

Con Lagos la cuestión es mucho más grave: Siempre dijo, y hasta se atreve a decir, que es hijo de la clase media, trabajadora y de manos limpias, y cada una de sus megalómanas reformas hacen agua (o plata) por todos sus costados. Pasará a la historia como un hábil escenógrafo. Como el poder lo seguirá revistiendo hasta su muerte nunca podremos verlo desfilar en tribunales pero sí sabemos que en ferrocarriles se llevaron hasta los durmientes a la casa; que el transantiago es una de tantas licitaciones a medida en que se aseguró primero a ciertas empresas y se remató lo demás (por ejemplo VOLVO); que los juzgados de familia, la ley de responsabilidad adolescente, el plan auge, el MECE y etc etc etc, sólo son maniobras publicitarias con los cuales se embaucó a los ilusos chilenos mientras se repartían millones de dólares en cada una de esas operaciones.

Lagos ni es un probo militar ni es inepto en aritmética y por lo tanto es difícil siquiera estimar de cuánto fue su comisión en cada una de esas operaciones pero el destino del dinero ha servido para que la Concertación tenga siempre dinero fresco para publicitar a sus candidatos y de esta forma perpetuarse en el poder. El dinero sucio se gasta en vicios o delata al ladrón.

Y no sé si eso es peor a qué los empresarios los financien al cien por ciento: Por cierto se trata de un dilema entre dos males.

¿Que precaria democracia aquella en que ganan los candidatos según su gasto (inversión) en publicidad? Bueno, eso es la democracia que tenemos y punto.

Y, aunque no tenga nada que ver con lo anterior, la familia Pinochet presa es una excelente publicidad (y gratis) para una Bachelet hundida en las encuestas.

La «Cuestión» no es Culpa de los Poderosos sino que de el Poder

Las leyes sociales que surgieron a propósito de la «Cuestión Social» en casi todo el mundo y que se mundializaron después de la segunda gran guerra han intentado compensar la diversidad de poder existente entre los ciudadanos que produce el sistema económico capitalista.

Sin lugar a dudas han sido un fracaso: Han creado una burocracia dedicada a la «compensación» sin que exista ninguna institución que pueda controlarlas adecuadamente.

Los Socialismos reales creyeron que el problema tenía que ver con la titularidad jurídica de las organizaciones y no con las organizaciones mismas y eso redundó en que el capitalista dejó de existir cuando el funcionario se hizo cargo de la empresa sin que la relación capital - trabajo se modificara. El resultado es el mayor fraude de etiquetas conocido por la historia; si la Biblia fuera un texto histórico podría compararse con un Dios inundando la tierra por amor a los hombres.

Los problemas que a cotidiano nos quejamos no son causados por mentes demoniacas sino que por el enorme poder que tienen algunos individuos y a la carencia de poder que dispone la mayoría de la humanidad frente a ellos: Si los pobres nos unimos lo más probable es que nos moramos de hambre juntos. Es muy difícil cambiar las cosas si no tenemos una mínima idea de qué es lo que hay que cambiar.

El cambio de la sociedad implica destruir aquellas instituciones que permiten la acumulación de poder de modo de no intentar redistribuir el poder desde arriba creando Estados fuertes que luego son grandes organizaciones que nos aplastan sino que impedir que se alimenten con nuestro poder pues somos la única fuente alimenticia de las grandes instituciones. Y luego de esta guerra cultural, destruir las grandes organizaciones exigiendo la abolición de las normas hereditarias, de propiedad intelectual y que consagran la personalidad jurídica de entidades supraindividuales.

Quimeras dirán ustedes, yo digo que costó bastante pero se consiguió terminar con la Aristocracia: Bueno, es hora que nos dediquemos a la destrucción de la plutocracia.

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