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CHILE - “Aún no nos hemos librado de Pinochet”, Entrevista a Gabriel Salazar

Francisco Martorell y Susana Rojas, El Periodista

Martes 25 de diciembre de 2007, puesto en línea por Ariel Zúñiga

7 de diciembre de 2007 - El Periodista - El Premio Nacional de Historia reflexiona sobre el primer aniversario de la muerte del dictador. Habla de su influencia en la cultura y la política nacional y concluye que, debido a la impronta de nuestra memoria colectiva, la figura de Pinochet podría revitalizarse en los próximos años.

Salazar nos recibe en su oficina de la Facultad de Humanidades de la U. de Chile.

Por teléfono, le adelantamos el tema tratar: el aniversario de la muerte del dictador.

Él, siempre dispuesto al análisis y a la reflexión de los procesos históricos, accede a revisar con El Periodista la potencial fuerza que puede esconder la figura del general ‘golpista y oportunista’, que es como el historiador califica a Pinochet.

Afirma que su administración no deja ningún legado, porque simplemente nunca fue capaz ni de idear ni de aplicar cambios, y que todo lo que conocemos como la herencia militar, se desprende de sus colaboradores cercanos, los que con el paso del tiempo le han atribuido sus logros económicos y civiles a su mandato.

Gabriel Salazar asegura que este comportamiento responde a nuestra idiosincrasia, la que enaltece a los golpistas y glorifica a las figuras anti-democráticas, y para demostrarlo, nos trae de vuelta a Portales, O’Higgins, Bulnes, Alessandri y Prieto, héroes que a su juicio, fueron los gestores de los más grandes asesinatos políticos de la historia de Chile.

Al cumplirse los 25 años de la muerte de Franco, un diario español tituló: «hace 25 años nos libramos de él». Al pasar un año de la muerte de Pinochet, ¿cree usted que el pueblo chileno se ha librado de su figura?

No. Quizás se hacen menos referencias a él, pero su herencia quedó instalada y lleva ya treinta y tantos años, instalada. Toda esta maquinaria política y de mercado, y el impacto que tuvo su dictadura en mucha gente que recibió las consecuencias físicas o morales, están todavía en la memoria colectiva. Su obra, su efecto, su impacto, están ahí, vivos.

¿Y qué nos dice la historia de estos personajes?, ¿cuándo empieza a desmoronarse su figura? o ¿siempre quedará algo dentro de nuestra cultura?

Desgraciadamente en nuestra cultura, los dictadores siempre han sido muy bien tratados por la memoria oficial de Estado y por la historiografía, que podríamos llamar nacionalista o conservadora. Si revisamos las cosas objetivamente, prácticamente todos nuestros héroes han sido anti-demócratas o dictadores, y a menudo además, gestores de asesinatos políticos. Lo fue O’Higgins y sin embargo, es el héroe máximo de este país. También lo fue Portales y Alessandri, que son figuras muy odiadas en su tiempo. A O’Higgins por algo lo echaron abajo; a Portales lo mataron precisamente por esa odiosidad; Alessandri era profundamente odiado por mucha gente en los 20, 30 y 40. Sin embargo, hoy están en nuestro parnaso de héroes militares y políticos. No me extrañaría, a menos que nosotros cambiemos las cosas, las tendencias y la manera de recordar, que a Pinochet lo tengamos instalado con estatua y todo en la Plaza de la Constitución.

Algunos dicen que la obra gruesa de la dictadura es lo económico; otros sostienen que culturalmente influyó mucho, a su juicio, ¿dónde está la impronta de Pinochet?

Pinochet, como tal, no fue el autor ni de las reformas económicas ni de las reformas en otros ámbitos. El hombre no tenía capacidad para pensar política ni económicamente en cambios significativos. Todos sabemos que el modelo económico es un subproducto de los Chicago Boys, de Milton Friedman, que a través de los economistas que le llevan «El ladrillo» a Pinochet, logran que éste implemente estas políticas, pero él no tenía idea de eso.

En el plano de la descentralización del Estado, el cambio en el orden cultural, él tampoco es su gestor. El tema de la descentralización, no es un tema de los dictadores, es un tema de los opositores a la dictadura. Pero eso era coherente con el modelo, con la necesidad de achicar el Estado; era coherente con el modelo de fragmentar a la sociedad civil y sus seguidores implementaron esas políticas, pero no es obra de Pinochet.

A las sombras de las bayonetas y de las masacres que provocó Pinochet, se allegó un conjunto de intelectuales y profesionales que implementaron sus proyectos específicos, especialmente neoliberales, y que desafortunadamente, la gente de centro izquierda, bajo el amparo de la Concertación, administran ahora mismo.

Todos ellos han contribuido a salvar y a potenciar el sistema, incluso a perfeccionarlo, y eso de alguna u otra manera, nos lleva a revitalizar la marca Pinochet.

¿Y a su juicio, cuál es el aporte de Pinochet?

El aporte de Pinochet, primero fue ser oportunista y colgarse en el vagón de cola del golpe de Estado que habían planificado otros. Segundo, asumió su rango de General en Jefe, se lo tomó en serio, y comenzó a dar órdenes de una manera que la mayoría de los milicos saben, porque para eso están formados. No hay novedad alguna en que Pinochet supiera mandar, a matar sin asco, no es porque sí que hay cuatrocientos o cuatrocientos cincuenta oficiales involucrados en las violaciones de los DDHH. Si no es Pinochet, cualquier otro hubiese hecho lo mismo. Desde esa perspectiva, su aporte consistió simplemente en dar órdenes de mando, desde el momento que se encontró con el cargo de Comandante en Jefe, en circunstancias de que era un golpe de Estado a fondo y que eso involucraba violar abierta y tranquilamente los Derechos Humanos. Pinochet lo hizo sin escrúpulos, bajo el amparo de esa inescrupulosidad se ubican esta cantidad de seguidores.

¿El proceso histórico se hubiera dado de la misma forma en que se dio, fuera o no fuera Pinochet el icono?

Creo que sí. Tenemos que tener en cuenta que el 21 de diciembre se celebran los cien años de la masacre de la Escuela Santa María, que ha sido abordado como un caso emblemático de mantención de la memoria. Pero precisamente, es así porque emblematiza una masacre y estamos olvidando las otras 22, porque el Ejército de Chile, ha masacrado 23 veces al pueblo, a lo largo de nuestra historia independiente, ya sea a los sectores populares o a los opositores políticos no liberales o no conservadores. Podemos contabilizar una por una las veces que han masacrado a sus pares. El golpe militar, con todo lo que trajo consigo después del 73, revela que la Fuerzas Armadas chilenas saben dar golpes eficientes, y eso pasa por una falta de respeto absoluto por los derechos soberanos de la mitad de los chilenos. Porque fue la mitad de los chilenos los que mandó a masacrar Portales en el 29, y así sucesivamente, hasta llegar a Pinochet. Las FFAA, han desarrollado una cultura de represión a este «enemigo interno», sin tener consideración alguna de ningún derecho civil ni político. Lo hizo Joaquín Prieto, que mandó a matar a hachazos al Coronel Tuper, o Manuel Bulnes, que mandó a degollar a la mujeres cuando tomó por asalto los cerros donde estaban los Pincheira; los fusilamientos que mandó a hacer Portales o Manuel Montt; las masacres que ordenó tres veces Arturo Alessandri durante sus dos gobiernos, cuatro en rigor; y sin asco, los militares lo han hecho. Entonces, si no hubiese sido Pinochet, cualquier otro lo hubiese hecho, porque está en la mentalidad del ejército chileno.

¿Cómo definiría el contexto histórico después de la muerte de Pinochet?, ¿hay avances, retrocesos?, ¿se ha aprovechado el momento para enseñar, para sacar lecciones de lo que significó su figura? o ¿una vez más congelamos el tema?

Después de la muerte de Pinochet, se ha producido una especie de congelamiento del problema y de todo lo que él significó. De no haber sido por la intervención del juez Cerda, quien puso el tema en el tapete nuevamente, se congela el asunto, se calla.

Creo que éste ha sido un año en el que la figura de Pinochet sí tuvo figuración; ahora está en segundo plano, y naturalmente a la derecha y a todos quienes son beneficiados por el modelo, les conviene eso. Les conviene mantener intacta la legitimidad del modelo que dejó Pinochet, su obra.
Que el viejo pase al olvido, no importa, pero que el modelo quede. Mas adelante tal vez, si el modelo sigue aparentemente exitoso como hasta el momento, puede que Pinochet sea reincorporado a la galería de los héroes.

¿Cree que ese posicionamiento de la marca Pinochet puede venir de la misma derecha que hoy lo esconde en el clóset?

No me cabe duda. Tuve el cuidado de revisar las declaraciones de la derecha pro-Pinochet después de su muerte. Todos ellos, sin excepción, le atribuyeron a él sus acciones, incluso Büchi. Toda la obra económica de Büchi, se la atribuyó a Pinochet.

Es una característica de las derechas cuando quieren mitologizar una figura o personificar un proceso: personalizar la obra de muchos y pasarlo a la historia como un gran prócer, tal cual como los 43 generales de ejército que se juramentaron el año 86, precisamente para asegurar que el General entraría en la galería de los héroes nacionales.

Hay un documento que atestigua esto. Un juramento que todos firmaron y que guardaron en una caja fuerte del Ejército. Lo conozco porque obra en uno de los procesos que hay contra de la gente que mataron en Villa Grimaldi. Sin lugar a dudas, la tendencia sería luego de este primer olvido, querer mitologizar su figura.

¿Hay un tiempo definido? ¿Esto puede pasar en cualquier momento de acuerdo a la coyuntura? o ¿la historia tiene sus tiempos?

Se puede hablar de tiempo. Normalmente, para que se mitifiquen personajes conflictivos como éste, se requiere aproximadamente que pase una generación completa, o sea 30 o 40 años, que es la generación afectada. Los hijos de esa generación, están en otra. Su memoria parte con ellos, no con la memoria de sus padres, salvo casos excepcionales.

Pasó con O’Higgins, que lo glorificaron 40 años después; el caso de Manuel Rodríguez es distinto, ya que fue heroificado por los sectores populares primero.

Hay casos y casos. A Alessandri, le levantan la estatua casi 40 años después, y así tiene que pasar más menos. Así, la generación que sintió en carne propia, a la derecha no le interesa; le interesa obsesivamente los mitos, le convienen los ídolos. Es por eso que sobrevive al paso de las generaciones.

¿Qué diferencia hay en la figura de Pinochet con aquello que usted nombraba de Portales, Alessandri, o con el mismo O’Higgins, siendo todos de esa cuña autoritaria y dictatorial?

Principalmente, que es el primer general que gobierna después de un golpe.
Recordemos que en 1829, Portales dio un golpe pero hay elecciones y se elige a Prieto; recordemos que es la ciudadanía, la que eligió a San Martín, éste renunció y eligieron a O’Higgins, hubo acto lectoral. Después no, los demás son civiles.

Pinochet es el primer general que no es electo y que se convierte en dictador natural, porque de alguna manera, Ibáñez, que fue un dictador también, respetó la Constitución, salvo el asesinato de algunos homosexuales, Ibáñez no masacró, pudiendo hacerlo. Prefirió renunciar, y en 1952 es reelecto. En cambio Pinochet es el primer dictador producto de un golpe, que masacra y que pretende posteriormente, perpetuarse a través de supuestas elecciones, que por lo demás, perdió.

¿Juega en contra de esta proyección histórica de Pinochet que se levante contemporáneamente la figura de Salvador Allende?

Creo que sí, pero con el paso del tiempo todo es relativo. Alessandri fue un héroe civil. Durante mucho tiempo se odió a Ibáñez por el hecho de ser lo contrario al héroe civil, por ser un «militarote». El mismo Alessandri lo definió. Ibáñez encarnaba al militarismo y éste fue definido como peligro negro. Toda la clase política se asoció y se formó en las milicias callejeras para protegerse del militarismo negro. Ibáñez fue durante mucho tiempo odiado y sin embargo, arrasó en las elecciones de 1952. No se han levantado mitos al respecto, pero la elección espectacular, ‘el ibañazo’ revela hasta qué punto cambian, con el correr del tiempo, las percepciones acerca de estos personajes.

Pinochet murió. Es poco probable que tenga la oportunidad de un ibañazo, pero es muy posible que tenga el tratamiento que se le dio a O’Higgins o a Prieto. A Prieto no se le han levantado monumentos, pero el Congreso en pleno, le rindió un homenaje público a Joaquín Prieto Vial por ser quién fue: o sea, el títere militar de Portales.

¿Y qué tiene que ocurrir para que esto no pase?

Por un lado, denunciar el carácter dictatorial de nuestros héroes. Estoy en plena campaña contra los héroes de la patria por eso, porque son todos antidemocráticos.

En mi opinión, nuestra memoria política está enferma. La memoria política de la ciudadanía chilena, está enferma porque tiene como modelos a puros antidemócratas, y las estatuas lo revelan: O’Higgins, Portales, etc. Levantaron a Frei y a Allende por una razón… en compensación a la figura de Pinochet. Hay que rectificar eso, porque lo que tenemos que exaltar es a héroes realmente demócratas. Frei y Allende, fueron presidentes y trataron de hacer cambios respetando una Constitución que era liberal. Ellos no podían realizar los proyectos por los que fueron elegidos, porque esa Constitución no encajaba con sus propuestas. Creo que hay rectificar profundamente la política de educación de nuestros alumnos, en función de cómo tiene que ser una educación ciudadana. Hasta el momento, ésta se basa fundamentalmente en memorizar la Constitución y repetirla y obedecerla.
Eso es enseñarles la Constitución que dejaron los dictadores, y eso no puede ser. Lo que corresponde, es educar a los ciudadanos a ejercer su soberanía, y ésta empieza porque los ciudadanos mismos construyan el Estado, no porque acepten lo que los dictadores les heredan. Eso implica un cambio radical. La memoria social, debe arreglárselas para no incurrir en olvidos. El recuerdo de la masacre de Santa María, del Parque del Recuerdo de Villa Grimaldi o de «La venda», está bien, pero no es suficiente. Recordar a los muertos está bien, pero mientras no construyamos una voluntad política, una soberanía capaz de construir Estado, no sacamos nada con recordar a los muertos. Mientras no construyamos poder ciudadano, el recuerdo no pasa de ser un rito y una liturgia.

¿Qué papel juega la justicia en esta reconstrucción?

La justicia ha jugado un papel pobrísimo. Durante la dictadura y en la primera etapa de la Concertación, fue así. Últimamente, ha comenzado a tomar otro rumbo, pero aunque ajusticiara a los que violaron los Derechos Humanos sólo ajusticia a los culpables.

La justicia es impotente frente al sistema. Incluso, puede estar jugando un rol útil al ajusticiar a Pinochet y traer la atención de todo el mundo: «Estamos castigando a Pinochet, lo castigamos al fin». Pero en el fondo, lo estamos castigando porque distrae la atención del modelo. ¿Quién ajusticia al modelo? Los jueces son criaturas de la ley, y la ley ¿quién la dicta? El dictador.

Hasta ahora, ¿esta historia está escrita por los vencedores?

No me cabe la menor duda. Las tres Constituciones de Chile han sido producto de golpes militares y han sido escritas y dictadas a dedo, por un señor fuerte que está detrás.

Lo fue Portales detrás de la llamada Constituyente en 1833. Lo fue Alessandri, que dictó él mismo a grito pelado los textos principales de la Constitución y, sin duda alguna, los que redactaron la del 80, siempre tuvieron a Pinochet detrás.


http://www.elperiodista.cl/newtenberg/1927/article-80283.html

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Mensajes

  • Es increible que un historiador se refiera a los miembros del Ejército de su Patria como: «milicos», «militarotes».
    Tengo entendido que este señor es marxista ¿cómo calificará a Stalin, Fidel Castro y sus respectivos ejércitos? ¿Cómo calificará al señor Allende y sus GAP? No conocía a este señor Salazar, es una pena, seguro que habrá sido uno de los que ha contribuido a que los estudiantes se olviden de nuestros héroes.

    • Ese «señor» (que quizá sea marxista pero da lo mismo ya que no está prohibido serlo) es Premio Nacional de Historia, uno de los historiadores más respetados del país y no creo que tenga empachos para reconocer que existen milicos de izquierda y de derecha. Lo que deben hacer los «estudiantes» más que buscar héroes es estudiar ya que el ochenta por ciento de analfabetismo funcional que existe en Chile (y que es transversal inclusive al nivel de escolaridad) es el caldo de cultivo de comentarios como el vuestro que denotan una imposibilidad de comprensión del texto recién leído.
      Un poco más de seriedad,
      por favor.

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