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Recortes del gasto social y retroceso en los derechos de los trabajadores

EUROPA - El FMI resucita

Ernesto Tamara

Viernes 2 de julio de 2010, puesto en línea por Barómetro Internacional, Ernesto Tamara

Aún sin haber sido superada la crisis financiera iniciada en Estados Unidos a mediados de 2008 con la quiebra de las instituciones financieras que concedían préstamos inmobiliarios, y que arrastró después a otros sectores de la economía, los únicos dos gobiernos de partidos autodenominados ”socialistas” de Europa, emprendieron ajustes económicos severos que se descarga principalmente sobre los asalariados y jubilados.

Grecia y España, gobernados por el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) y el Socialista Obrero Español (PSOE) resolvieron en estas semanas, dos ajustes económicos impuestos por la Unión Europea, que representa recortes en los gastos del Estado, especialmente la seguridad social y la ayuda al exterior, recorte de salarios y pensiones, flexibilidad laboral y aumento de la edad para jubilarse.

Aunque el Banco Central Europeo había advertido ya en 1999 que Grecia no estaba entregando información fidedigna sobre sus cuentas –maquilladas con el asesoramiento de un banco inversor norteamericano que después especuló contra Grecia- dejó actuar al gobierno conservador, de forma tal que su endeudamiento externo superó el 100 por ciento de su Producto Bruto Interno(PIB), es decir, la suma de todo lo producido (bienes y servicios) y los salarios y jubilaciones del país en un año.

Una vez en el gobierno el PASOK, la Unión Europea decidió que había que ajustar las cuentas griegas, que ya en mayo estaba a punto de llegar a la cesación de pagos. Al mismo tiempo, comenzó una carrera especulativa con los bonos del Estado de varios países de la U.E., maniobra que incluso fue investigada por los servicios de inteligencia de los afectados, para intentar descubrir los especuladores del ataque financiero.

¿Neo- neoliberalismo?

Las economías de los países miembros de la Unión Europea han iniciado recortes presupuestales similares a los que los técnicos neoliberales recomendaron a los países del Tercer Mundo en las décadas de los 80 y 90. Entonces fue fácil definir esa política como ”neoliberal”, atendiendo su objetivo de desmantelar el Estado y ceder toda iniciativa y control de la economía al sector privado. Definir esta nueva situación sería gastar en adjetivos, ya que en el fondo, el objetivo sigue siendo el mismo.

En el momento de mayor impacto de la crisis financiera desatada en Estados Unidos en 2008 por la quiebra de bancos e instituciones de préstamos inmobiliarios, extendida a otras ramas, y que rápidamente contagió a varias economías del mundo, algunos analistas y economistas internacionales alertaron sobre la crisis del sistema capitalista. Como fenómeno colateral y llamativo, las obras de Carlos Marx se convirtieron en una especie de ”best seller” de la literatura económica.

Los técnicos y economistas ”descubrieron” entonces los defectos más evidentes pero nunca mencionados por ellos en el sistema. Algunos ingenuos llegaron a pronosticar que se iniciaba un proceso de revisión y hasta de ”humanización” –como si fuera posible- del capitalismo. Otros, más esperanzados, anunciaron el principio del fin del sistema, como si éste pudiera sustituirse por otro voluntariamente y por su propia iniciativa.

Las medidas adoptadas para superar la crisis griega, a principios de este año demostraron por otra parte que el modelo se resiste a morir y por el contrario, busca resucitar en sus manifestaciones más básicas. Por ejemplo, el paquete de recortes presupuestarios adoptado por el gobierno español será pagado en un 40 por ciento, directamente por los trabajadores y jubilados. El restante 60 por ciento también lo pagará pero indirectamente, a través de impuestos, trabajando más años, y por los más pobres del mundo, ya que ese recorte también achica o suspende la ayuda a las naciones de menor desarrollo, en su mayoría de África. Si ya se iba como muy difícil llegar a la meta establecida por Naciones Unidas de reducir la pobreza en el mundo para el 2015, estos recortes a las ayudas internacionales terminará con cualquier expectativa.

Reviviendo al FMI

Tras las crisis que afectaron a los países en desarrollo –antes se los designaba como subdesarrollados- a fines de los 90 y principios de este siglo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) quedó muy desprestigiado al fracasar todas las políticas que había recomendado. Ni un sólo país que superó esa crisis, lo hizo siguiendo las recetas del FMI, por el contrario, optaron por modelos muy distintos y eran criticados por ese organismo.

Muchos países comenzaron a despegarse del FMI, terminaron de pagar anticipadamente los préstamos obtenidos y renunciaron así a seguir siendo supervisados por ese organismo. El premio Nobel de Economía, Paul Krugman, criticó las recomendaciones del FMI y otros economistas, no marxistas, siguieron ese camino. La exigencia de un cambio de función del FMI y de sus lineamientos cobró fuerza en todo el mundo, pero esa decisión se fue aplazando.

Al destaparse las dificultades de Grecia para hacer frente al pago de las obligaciones del Estado, tras años de despilfarro del anterior gobierno conservador, financiado y asesorado por la financiera norteamericana Goldman Sachs, la solución propuesta para superar la crisis fue apostar al capitalismo más elemental. Volver a las recetas del FMI, que la crisis la paguen los trabajadores, reducir el gasto social, achicar el Estado, y privatizar.

Pero no era sólo aplicar las recetas, sino también reflotar al FMI, dirigido por un francés, y hacerlo participar en las “soluciones”. Alemania y Francia impusieron que el préstamo a Grecia, para que pudiera pagar préstamos anteriores, surgiera de las arcas del FMI y que además, éste organismo supervisara y controlara las reformas económicas, mejor dicho los recortes presupuestales que el Estado debía realizar, especialmente en salarios. Casi como por arte de magia, las críticas públicas al FMI dejaron de aparecer y ahora figura como parte esencial, necesaria, e imprescindible del rescate a las economías europeas.

España claudica ante el FMI

La semana pasada, el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, visitó Madrid para santificar la reforma económica aprobada por decreto en España, ante el peligro de llegar también a una cesación de pago.

El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero logró aprobar en el Congreso, el 27 de mayo, un plan de recorte de 15.000 millones de euros para 2010 y 2011, de los que un 40% recaerán en pensionistas y funcionarios. Días más tarde, el pasado jueves 17 de junio, entró en vigor una reforma laboral, aprobada por decreto, que entre otras cosas, abarata el despido de trabajadores. Ahora queda pendiente aprobar una reforma de la seguridad social, reclamada desde la UE, para aumentar en al menos dos años la edad mínima para jubilarse.

Sobre la reforma laboral, el jefe del FMI, resaltó que va «absolutamente en la buena dirección». «Zapatero está asentando las bases para dos décadas de crecimiento» en España, añadió. Más o menos lo mismo que decía el FMI cuando el presidente argentino Carlos Menem, era presentado como un modelo exitoso en las conferencias de ese organismo.

Un par de días antes de la visita, la portavoz de esa institución, Caroline Atkinson, expresó en un comunicado que el FMI, está «muy impresionado» por la propuesta de recorte anunciada por el gobierno español. Las autoridades del gobierno español han admitido que las medidas no crearán fuentes de empleo y en todo caso buscan, además del objetivo principal de reducir el déficit fiscal, que el número de parados no aumente.

Los sindicatos han rechazado la medida y están promoviendo un paro general para el 29 de septiembre, después que concluya el período de vacaciones. Los dos principales sindicatos, Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CCOO), argumentaron que la reforma laboral es más beneficiosa para los empresarios que para los trabajadores. «El texto reafirma y legitima la huelga general, no sólo no resuelve los problemas sino que los agrava», proclamó Cándido Méndez, líder de la Unión General de Trabajadores. «Creo que estamos sin dirección política, económica y laboral, y se necesita un cambio importante de gobierno», reclamó el jefe de Comisiones Obreras, Ignacio Fernández Toxo, para quien el plan ajuste y la reforma laboral generarán más desocupación y empleos de «bajísima calidad».

Para los trabajadores, el decreto del gobierno establece el abaratamiento y la agilización del despido para atajar la temporalidad excesiva. Por este motivo, Toxo defendió la huelga y afirmó: «el país tiene que tomar conciencia de que en estos momentos tenemos un grave problema: las políticas del gobierno».

Desde el inicio de la crisis, a fines de 2008, y con el derrumbe del sector de la construcción, el desempleo ha estado en constante aumento y se ubica hoy un poco por encima del 20 por ciento, es decir, más de 4,6 millones de desocupados, siendo la tasa más alta de toda la Unión Europa, y casi el doble del promedio regional.

Algunos analistas sostienen que las medidas no tendrán un efecto positivo, ya que si bien el recorte de gastos anunciado es de 15 mil millones de euros, el pago de subsidios por desocupados es el doble de esa cantidad.


ernestotamara[AT]gmail.com

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