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Breve Defensa de la Teología de la Liberación

Jesús Roberto Ospina Salinas, Adital

Martes 5 de septiembre de 2006, puesto en línea por Dial

Ensayar una defensa de la Teología de la Liberación (TL), excede estas notas, porque me considero sólo un militante de una causa, la de los pobres, y además, debido a todo lo que esta propuesta representa. De otro lado, creo que la práctica de millones de personas en el mundo es casi suficiente afirmación de su vigencia y dinamismo. Sin embargo, aquí en la lista de Río Abierto [1], se ha aludido a la TL, y quería señalar que el aporte de Teología de la Liberación tiene, desde mi perspectiva, dos aspectos fundamentales.

El primero es obvio y tiene que ver con relación a la puesta en agenda y en evidencia para toda la Iglesia Católica (y otras también) que lo central del mensaje evangélico es el amor a Dios y el amor al prójimo, y que se ama auténticamente a Dios cuando se ama al prójimo, que en la Biblia y en la práctica de Jesucristo, está descrito este amor al prójimo como un amor al más débil, a la viuda, el forastero y el huérfano, y ellos son hoy en el Perú y en el mundo, preferentemente los pobres y los extremadamente pobres y excluidos. Y que para hacer concreto ese amor TL propone como vía o expresión, la Opción Preferencial por los Pobres, OPP, es decir, se subraya la calidad de opción, de elección, de alternativa, haciendo uso de la libertad humana que todo tenemos de elegir un enfoque frente a otros. No es obligación ni una imposición el amar a los pobres. Esta opción se ha sembrado en el terreno de la libertad.

Esta opción busca la liberación integral del hombre, tarea que no es fácil y exige cambios, por ello se señala que el hombre requiere una transformación, de una liberación que tiene que ser interna (en nivel de la falta de actitudes y valores en el ser humano), como social (optar por construir y comprometerse a vivir en una sociedad justa) y reconciliarse con el amor gratuito de Dios, para tener fe y fortaleza, y superar así el pecado -para los creyentes- raíz última de los males humanos.

Ello es así porque la historia humana y la historia de Dios están unidas. Aquí en la tierra se realiza el plan de Dios, no es posible pensar en un Dios de la Vida sin que éste se inserte en esa vida, más aún si El la creó, por tanto Dios es el primer promotor de la historia. Un punto destacado por eruditos es el tema del libre albedrío: Dios respeta su creación y las iniciativas que los hombres tienen de optar por hacer el bien, de allí la necesidad para los creyentes de actuar, de comprometerse con la historia, y como vimos antes, desde los preferidos de Dios: los pobres.

Así pues, Dios está presente en todo ser humano, de forma latente (porque todos somos hijos de Dios por ser seres humanos) si no es creyente, y de forma activa si cree en Dios y además practica la justicia, por tanto Dios opera en la historia a través de los actos humanos. Por eso se dice que quien dice amar a Dios y no ama a su prójimo, miente, pues es la acción la que descubre y revela a Dios en el hombre. La oración también es una acción, creo, cuando se orienta al amor, cuando es una expresión de amor.

La monumental obra del Padre Gustavo Gutiérrez, Teología de la Liberación, Perspectivas, y de otros teólogos, han marcado y desarrollado estas, y muchas otras ideas. Los teólogos para sustentar su propuesta recurren a las ciencias sociales, así como San Agustín, Santo Tomás y otros teólogos recurrieron a Aristóteles y otros eruditos y disciplinas de su tiempo. Porque según ellos la teología (como toda disciplina que se precie de tener rigor académico) debe estar en diálogo con el pensamiento de su época. Estar en diálogo con otro se entiende que primero se debe tener una identidad y desde allí buscar otras disciplinas para tratar de entender mejor la realidad.

Así, si TL quería hablar sobre la pobreza en el mundo debía contar con algunas herramientas que pueda darle una idea de lo que hoy entendemos por pobreza y entender algunos de los mecanismos (el sistema esclavista o la feudalidad, por ejemplo) que la sociedad (los hombres) han establecido producto de los cuales se ha generado una división artificial en el mundo: ricos y pobres. Por estos diálogos algunos han querido ver una adhesión a ciertas ideologías, nada más ajena y lejana a los teólogos de la liberación (y viceversa, es decir los científicos sociales no se convierten al cristianismo por establecer un diálogo con la teología).

Pero siempre estos diálogos e instrumentos (entre cualesquiera que sean las disciplinas) están al servicio del fin que persigue, en este caso la teología, que es la de servir de interpretación y de actualización de un mensaje evangélico que tiene hoy una enorme vigencia. Si la práctica de Jesucristo (su modo de actuar en la historia) tiene hoy vigencia (los teólogos de la liberación le llaman, la Opción Preferencial por los Pobres) no es debido sólo al aporte de la TL, sino fundamentalmente por su hondura y densidad como valor humano de amor y servicio. Alguna vez leí al P. Gustavo decir algo así como que ojalá en la sociedad no fuera necesaria la TL, debido a que en ese mundo ya no existiría pobres ni injusticias en el mundo, pero mientras eso subsista, decimos nosotros, claro que existirá TL, siendo un vehículo que manifieste un mensaje evangélico que anima a construir un mundo solidario, justo y de amor entre todos los hombres y mujeres.

Un segundo aporte tiene que ver con este último tema, la construcción de una sociedad justa y preñada de valores humanos. Esa sociedad nacerá del esfuerzo y del sueño de hombres y mujeres que apuestan por una renovada relación horizontal, amical y justa entre todos los seres humanos. Y los hombres y mujeres, cualquiera sea su religión, creencia, ideología, raza, son seres humanos que pueden elegir tener un modelo de conducta frente a la vida. Pueden elegir tener al egoísmo como su fundamento o el amor, la solidaridad o el individualismo, y pueden tener a la justicia y a la misericordia como dos pilares de los cuales debería de brotar la armonía y el respeto, etc., etc. Y estos valores pueden venir de opciones políticas o ideológicas (caso del liberalismo, comunismo o socialismo), pero también pueden venir de corrientes religiosas, las cuales, en su legítimo derecho al uso de la libertad de expresión pueden animar a la gente a tener un tipo de conducta, un tipo de práctica y un modelo de sociedad en la cual deseen vivir. No como una imposición sino como una asunción libre de ideales frente a la realidad.

Es allí que la TL, y otras teologías e iglesias, vienen sembrando ideales en el páramo de virtudes que se ha convertido el proceso de globalización, o mejor en el rebrote de ideales del egoísmo e individualismo como motor de la historia, y por ello el vale todo y el poder del más fuerte, dejando a los débiles a merced del mercado (eufemismo del avance de los poderosos sobre los demás). De allí la importancia de mensajes como los de Leonardo Boff, entre otros, respecto de la necesidad de construir una sociedad que esté basada en valores humanos de solidaridad y amor. Porque una sociedad se construye sobre valores y principios, esos son los pilares sobre los que se asienta la economía y el comercio. La tecnología, los inventos, los descubrimientos (que deben ser alentadas) están siempre al servicio de la sociedad que impera. Así, hoy se hace tecnología de guerra para eliminar al hombre, y no tecnología de vida para eliminar el hambre. Las prioridades están clarísimamente diseñadas y expresadas.

Es verdad que uno puede discrepar de esas prioridades e incluso de opiniones que pongan unos valores sobre otros en sociedades diferentes (igualdad sobre la libertad o viceversa), pero eso -si bien puede tener una connotación política, en el sentido de participar del debate sobre los fundamentos ético, morales y humanos que rigen a una sociedad- no anula la perspectiva de la opinión, salvo que en nombre de una iglesia o creencia se avale tal sociedad, identificándola como el Reino de Dios, pues si bien Dios opera en la historia humana, El y su Reino, son más que la historia humana (lo cual no la excluye, por el contrario es parte de esa historia) es también divina. Entonces, frente a la forma cómo está construida una sociedad, claro que todos, incluidos sacerdotes y teólogos tienen una opinión que dar.

Es más, si creen en un Dios de Vida en la historia, pues están moralmente obligados a dar una opinión. Sin embargo, no se trata de que ellos planteen los mecanismos y los procedimientos para hacer esa tal sociedad, esa no es su competencia, es más no he oído jamás a ningún teólogo serio decir esa sociedad debe ser hecha de una u otra forma, sino que ellos hacen una reflexión y orientan al hombre a que éste y la sociedad que construyan o desean construir, sean concordantes con su condición humana, de respeto y valor por la vida y por la construcción de un mundo justo y pleno de amor especialmente por los que más sufren, los pobres. Para ellos eso viene de Dios, para otros puede ser simplemente una condición para expresar la calidad de ser humano de todos y cada uno. El amor es más que la libertad que uno puede concebir para expresarlo.

Finalmente, el aporte de la TL en la puesta en vigencia de una práctica de solidaridad y amor instaurada hace 2,000 años, es innegable e incuestionable, ha animado, reanimado e inspirado la fe de millones de personas, permite el diálogo entre iglesias, y redescubre el valor de cada ser humano al margen de su condición social. No sólo eso, sino que al iglesia católica la ha hacho suya desde temprano. Por todo ello, y con toda seguridad mucho más, hay un agradecimiento a los inspiradores de una teología que se ha nutrido y vive en una iglesia y en un pueblo que busca a Dios en la justicia y en el corazón de cada ser humano.


Jesús Roberto Ospina Salinas es colaborador del Grupo de adolescentes y jóvenes «Emprendedores del Sol» de Villa María del Triunfo

http://www.adital.org.br/site/noticia.asp?lang=ES&cod=24269

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[1Corriente por la democracia con justicia social y el ejercicio ético de la política, del cual el autor es miembro. www.rioabiertoperu.org

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