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ESPAÑA-AMÉRICA LATINA - ¿Democracia española o latinoamericana?

Ricardo Daher

Lunes 19 de noviembre de 2007, puesto en línea por Ricardo Daher

Las críticas al rey de España, Juan Carlos, y al presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, han despertado fuertes reacciones en muchos ciudadanos españoles que consideran que en su país se vive una verdadera democracia, de la que, sostienen, debemos aprender los latinoamericanos.

Tenemos que coincidir en que las democracias latinoamericanas no son ejemplares y que en muchos países se está buscando un modelo propio de mayor participación ciudadana. Algo que las democracias europeas, entre ellas la española, no se atreven siquiera a considerar. La participación ciudadana se limita a votar partidos o candidatos cada cierto tiempo.

Algunos han estimado que tanto el rey, como Zapatero defendieron la democracia, uno al mandar a callar al presidente Chávez –también interrupiendo al orador de turno– y el otro a defender a su antecesor en el gobierno. Según esta posición, calificar al ex presidente José María Aznar de fascista es un desconocimiento de la democracia en España, ya que el mandatario fue electo por lo españoles.

Rodríguez Zapatero, expresó en una reunión con socialistas en Argentina, que defendió a Aznar porque era un “compatriota”. En ese discurso, que recogió la prensa argentina, no habló de la democracia, sino que reinvindicó la nacionalidad de Aznar para su defensa.

La forma en que fue electo Aznar no fue cuestionada por Chávez ni por otros mandatarios latinoamericanos. Lo que se criticó fue la posición política de Aznar en varios temas y su postura ideológica. Criticar a un presidente por sus posiciones políticas e ideológicas entran en el marco de lo permitido por las democracias europeas. El partido del actual presidente del gobierno español ha calificado a Aznar y su partido, de mentir y confabular con la investigación del atentado terrorista del 11 de marzo.

¿Significa eso que los españoles si pueden criticar severamente a Aznar y que esa posibilidad les está vedada a otros ciudadanos?

¿No cabría en una discusión democrática rebatir que Aznar no es un fascista en lugar de descalificar a quien lo califica?

El ex presidente español ha hecho mucho mérito, y lo continúa haciendo, para ser considerado fascista. El que haya participado en elecciones democráticas no implica que ideológicamente no sea fascista.

Calificarlo de esa manera no implica desconocer la democracia española, aunque quizás los españoles deberían reconocer que no tienen un modelo perfecto, que tiene muchas limitaciones, y que todos los días surgen elementos que deberían preocupar por sus limitaciones.

El mismo día de la polémica, por ejemplo, un juez multó a dos caricaturistas que se habían burlado del gobierno a través del príncipe de Asturias.

Pocas semanas antes, la justicia inició juicio a jóvenes republicanos que quemaron fotos del rey.

En la misma semana del incidente real, un grupo neonazi asesinó a un joven de 16 años que protestaba por la marcha de esos fascistas. Ante la exigencia de que el gobierno prohibiera la marcha de estos grupos responsables de ataques racistas, el vocero del PSOE dijo que en democracia todos podían manifestarse.

Una posición que no sostiene cuando se trata de organizaciones vascas independentistas.

Creo que si estos episodios hubieran ocurridos en Venezuela, por ejemplo, la descalificación al gobierno hubiera sido unánime en la prensa internacional.

El modelo español lo resuelven los españoles, pero por favor no intenten vendernos ese modelo. América rompió los lazos con la monarquía hace casi 200 años.

Como latinoamericano tampoco comprendo que una democracia pueda ser “perfecta” cuando se sostiene una monarquía. La sólo existencia de un monarca implica que se admite que no todos los ciudadanos son iguales ante la ley.

Aunque tenga un cargo decorativo, recibe manuntención del Estado –pagado con el impuesto de todos los ciudadanos–, se le adjudica la representación del país y del Estado cuando muchos de sus ciudadanos no están de acuerdo con su figura, y ni siquiera pueden decidir si se mantiene o no, en una consulta popular. Además extiende ese cargo y la representacióndel país por herencia. Es decir, al pueblo se le impone quien lo representa.

Criticar el modelo democrático español, y de otras naciones europeas, no implica sostener que las democracias latinoamericanas son mejores o perfectas.

El presidente español, en la discusión política que sostenía con los líderes latinoamericanos, antes de que el rey mandara a callar a Chávez, decía que América no tenía que atribuir sus problemas a factores externos, y que Europa había contribuído incluso al desarrollo conceptual de la democracia.

Zapatero olvidó mencionar que tanto el desarrollo económico de Europa, la acumulación de capital que permitió la instauración del capitalismo en el continente, y por ende del desarrollo de las ideas políticas, se basó en la explotación de América después de la conquista. Y que esa deuda nunca se pagó y ni siquiera se ha reconocido.

Y si se repasa la historia de América en los últimos años, se verá que la intervención extranjera ha determinado el desarrollo político y económico de la región. No mencionaremos las intervenciones militares extranjeras directas de la primera mitad del siglo anterior. Un esquemático repaso incluiría invasiones norteamericanas en Haití, Nicaragua, Panamá, Cuba. Y en la segunda mitad del siglo pasado, intervenciones militares en Guatemala (1954), República Dominicana (1965), Cuba de nuevo (1959), Chile (1973), Nicaragua (1979), Granada (1983), Panamá (1989), Haití otra vez (2004), y su intervención al fomentar golpes de Estado militares en practicamente todos los países latinoamericanos. Una cadena de sucesos e intervenciones que llega hasta nuestro días.

España podría decir que poco ha tenido que ver con esas situaciones, pero las empresas españolas si que han sabido aprovecharse de la situación, en algunos casos, como Argentina, mediantes presiones y chantajes como se ha demostrado en el proceso de privatizaciones emprendidas por el ex presidente Carlos Menem en los 90. Y en este caso, Aznar, Rodrigo Rato y el rey Juan Carlos jugaron un importante papel, según se demuestra en el libro ”Los nuevos conquistadores” de Daniel Guillermo Cecchini y Jorge Zicolillo (publicado 2002 por Siglo Veintiuno de Argentina Editores).

Según estiman analistas económicos, las mayores empresas españolas obtienen entre 30-50% de sus ingresos operativos en América Latina, y en sólo 9 años, entre 1992 y el 2001, transfirieron a sus casas matrices beneficios superiores a los 19 mil millones de dólares.

En cuento al modelo de democracia latinoamericano se puede concluir que aún no existe un modelo propio, salvo el cubano. Hasta ahora los países de la región han insistido en los modelos y estructuras copiadas de Europa, y así nos ha ido!

Cuando en anteriores ocasiones los pueblos han buscado modelos alternativos, por ejemplo en la etapa del populismo desarrollista de los años 40 y 50, la intervención extranjera directa o indirecta, con la promoción de golpes de Estado, terminó con esos experimentos.
Ahora en varios países se busca desarrollar modelos de participación popular, descentralización y basados en las comunidades. Es un camino que recién empieza y tendrá muchas idas y venidas, y que ya está siendo cuestionado por las potencias extranjeras, Estados Unidos en primer lugar, pero también Europa. Esas nuevas experiencias de democracia participativa se están desarrollando en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, y un grado menor, también hay experiencias en Brasil, Uruguay, Nicaragua, y Argentina, a través de los movimientos sociales.
Los demócratas europeos, en lugar de sumarse a la histería antichavista –y que extienden por osmosis a los gobiernos populares o populistas como los descalifica Aznar– deberían apoyar esas experiencias de participación ciudadana, y colaborar en convertir las democracias representativas en participativas.

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Mensajes

  • Coincido con el periodista uruguayo Ricardo Daher en el sentido de que las democracias latinoamericanas son jóvenes y tienen que aprender mucho del Viejo Continente, incluida la propia España. Hay que haber vivido en Latinoamérica y en Europa para tener una visión más amplia. América Latina vive bajo la influencia de la democracia liberal de Estados Unidos, donde se abre la puerta del gallinero para que entre el zorro y percibe aún muy lejos a España y a Europa. España ha logrado pertenecer a un grupo de 25 países que han conseguido una cohesión social con una moneda única más fuerte que el dólar. Creo que todavía hay que callar a muchos latinoamericanos para que aprendan a escuchar antes de decir barbaridades sin sentido. Latinoamérica tiene que hacer un reparto equitativo de la riqueza. En México, el empresario Carlos Slim es uno de los más ricos del mundo, cerca de Bill Gates. Mejor que América Latina calle y escuche, tome nota y aprenda de la Vieja Europa.

    Ver en línea : ¿Democracias latinoamericanas?

  • Un buen artículo que pone al rey español donde corresponde: el tarro de la historia por ser un ente ajeno a la democracia. A las democracias representativas les da en la torre indicando de que no toman la responsabilidad y no representan: promueve la democracia participativa sin la que no podremos avanzar. Da una lista (demasiado breve, pero no era ese el objeto del artículo) de las ganancias españolas en el subcontinente: muestra que España, con una cara dizque democrática, lo hace muy bien en esta nueva re-conquista de América latina (La primera reacción del «socialista Zapatero» a las medidas de recuperación para el pueblo boliviano fué la de recriminar y advertirle a Evo Morales el uso de sus poderes por atreverse a amenazar a los intereses españoles). Y, finalmente, al nunca bien ponderado asno-Aznar lo pone como lo que es: oportunista de siempre, archiderechista de tomo y lomo, franquista. Y que fue un gran promotor de la guerrita de Bush en Irak, entre otras cosas.

    José Venturelli
    venturellijc chez hotmail.com

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