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PERÚ - Putis: genocidio y silencio

Javier Diez Canseco, La República

Jueves 5 de junio de 2008, puesto en línea por Javier Diez Canseco

02 de junio de 2008 - La República - Putis –pequeño y pobrísimo poblado campesino en Huanta, Ayacucho– revive el horror genocida de la guerra y de la estrategia contrasubversiva empleada contra el brutal terror senderista entre los 80 y 90. Al terrorismo senderista había que combatirlo con más terror, como diría Santiago Martin Rivas a Umberto Jara buscando «conceptualizar» y validar la barbarie.

Una sola fosa común, al costado mismo de las casas de la comunidad, albergó –cubierta por el silencio del miedo que aún persiste– desde 1984 los restos de más de 120 seres humanos asesinados a sangre fría. Los mataron allí mismo, obligando a los que iban a morir a cavar la fosa donde los echarían, bajo la amenaza de las armas de destacamentos de las FFAA que luego los fusilaron. De los 60 cuerpos recuperados hasta ahora, no menos de 20 –es decir la tercera parte– son de niños, algunos de apenas un año, y varios otros son de mujeres en avanzado estado de gestación. Algunas prendas de vestir darían cuenta de que no sólo se les abaleó sino que se les acuchilló. Nada que envidiar a la bestialidad nazi en el holocausto de la II Guerra Mundial.

Pero si esto es impactante, resulta aún más impresionante, y a la vez expresivo, el monumental, pétreo y cómplice silencio de un casi siempre locuaz presidente García, de sus mediáticos ministros, y de los actuales mandos de las FFAA. Ni una frase, ni un comunicado, ni un pronunciamiento frente a la barbarie. Nadie asume responsabilidades institucionales. No hay mea culpa ni se ofrece desagravio alguno. Menos aún el compromiso de poner a disposición la información necesaria para identificar responsables –mediatos e inmediatos– y echar a andar los mecanismos para que se haga justicia. Sepulcral también el silencio arzobispal, a pesar de que hasta programa de radio tiene, y la difícil situación en la que pone a una iglesia cuyo compromiso con los pobres y los que sufren es piedra angular de la práctica de la fe. Y, claro, los canales de una TV sumisa parecen no tener señal sobre el tema, como los editoriales de los publicistas del Perro del Hortelano callan en todos los idiomas. No hay lecciones, no hay consecuencias, no hay responsabilidades, no hay responsables…

Si no fuera por la labor de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), de los organismos de derechos humanos y de las comisiones parlamentarias que se atrevieron a investigar las atrocidades de la guerra, del senderismo y de los estrategas antisubversivos, la verdad seguiría enterrada, el dolor encapsulado y la justicia cómodamente ignorante. No es pues casual la sistemática campaña de desprestigio contra la CVR y los organismos de DDHH. No es casual que un vicepresidente como Giampietri, acusado (junto al presidente García) por la matanza de los penales –y específicamente de El Frontón– en 1986, promueva –como lo pretendió el fujimorismo, al que sirvió en su esplendor– retirarnos de la Corte Interamericana de DDHH (CIDH) donde se ventila el caso de los penales y muchos otros. Y claro, el juego es en pared con Ántero «Pacheco» Flores Aráoz, el nuevo escudero en el Ministerio de Defensa, que mueve el tinglado para recortar funciones al Sistema Interamericano de DDHH e impulsa la salida de la CIDH, junto al siempre «funcional» Rey, entusiasta votante en 1995 de la nocturna ley de amnistía a los Colina y autores de crímenes de lesa humanidad, siempre que se cometieran desde el Estado.

Un presidente y un gobierno comprometidos con profundizar el programa fujimorista de promover este proyecto desnacionalizador y antipopular, pretenden imponer esta política criminalizando la protesta social, ilegalizando y agrediendo a la oposición. Para ello se busca usar a las Fuerzas Armadas y Policiales –«actúen, no piensen»– como arma contra el movimiento social, garantizando impunidad a quienes son responsables de delitos de lesa humanidad, como si ello comprometiera a todas las fuerzas del orden y estas debieran mantener un espíritu de cuerpo con quienes impulsaron tales estrategias.

Cuando García acusa de traición a la patria a Francisco Soberón y Aprodeh por evidenciar su maniobra de criminalizar la protesta social, cuando Giampietri y Flores Aráoz promueven la salida del Perú de la CIDH, juegan también en pared con la sucia campaña difamatoria y de amenazas contra los organismos de DDHH, la CVR y la Universidad Católica (cuyo rector asumió su presidencia), la Defensoría del Pueblo, el Tribunal Constitucional y hasta el PJ que está en curso y que ha provocado ya una resolución cautelar de garantías de la Corte Interamericana para que el gobierno garantice la seguridad y los derechos de los amenazados.

Putis es claramente un acto genocida, de exterminio, con fuertes rasgos racistas e indudable carácter de crimen de lesa humanidad. El silencio de quienes callan y desinforman, de los que «olvidan» convenientemente, solo expresa complicidad y reafirma que el Perú sigue esperando un cambio de rumbo, no sólo en el manejo económico, sino en el afán de lograr Verdad, Justicia y Paz.


Reproducción por iniciativa del autor.

http://www.larepublica.com.pe/content/view/224290/481/

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Mensajes

  • Ningún alto funcionario de los gobiernos de turno, quiere dar los nombres de los autores materiales e intelectuales de ese excecrable genocidio. Utilizan el infantil argumento de que los papeles ya se perdieron o fueron destruidos.
    Esto, en absoluto es írrito. Cuando estos genocidas se proponen ubicar a un subversivo, movilizan cielo, mar y tierra; ofrecen gratificación, se valen de infiltrados, de sus servicios de inteligencia...hasta que lo capturan; eso, porque conviene a sus intereses de clase.
    Hay que ser muy ingenuo, para creer en la infantil argucia de que los documentos han desaparecido.

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